Arte y cultura

Arte urbano y tecnología

Kapi Activista y creador

En este lugar en el que vivimos, lo hacemos creyendo ya desde pequeños que nuestra función es producir, ganar y consumir. Se defiende de manera general que este estilo de vida ha ayudado al desarrollo tecnológico. La tecnología aparentemente está ahí para facilitarnos la vida, aunque cada vez está más claro que no es la única función con la que se desarrolla. Hoy tenemos docenas de ejemplos en los que claramente esta propia maquinaria nos ha creado una dependencia, no solo personal, también social y en algunos casos hasta de supervivencia.

No es una idea fatalista o anti-tecnológica. Hoy se contrata a los DJ’s según la cantidad de seguidores que tengan en Instagram o los views en Youtube. La técnica o gusto musical ya no es tan  relevante. Es un ejemplo algo frívolo pero que existe en mí día a día.

Desde otro punto de vista, la tecnología nos ha proporcionado herramientas para expresarnos, para encontrar nuevos métodos de ejercer arte. En aquello que participo, el Hip-Hop (el movimiento cultural), los avances tecnológicos tienen una presencia fundamental a todos los niveles. No solo en el nacimiento de estas disciplinas artísticas urbanas, también en los siguientes 30 años en los que se ha extendido por todo el planeta. En cada especialidad del Hip-Hop, los llamados 4 elementos fundamentales; B-Boying (baile), Graffiti (pintura), Rap y DJ’s (música), la tecnología jugó a favor no sólo en el desarrollo artístico sino también en la consolidación y permanencia de las disciplinas en distintos lugares y momentos.

Varios inventos relacionados con los “mixers” (las pequeñas mesas de mezclas de los DJ’s) potenciaron nuevos estilos y nuevas técnicas de mezclar música, como las competiciones de DJ’s y de Scratch, a finales de los años 80.

Los rapers de la primera hornada de publicaciones de discos (de 1979 a 1982) eran unos pocos y estaban en manos del poderío económico de los sellos discográficos, ya que para hacer sus bases instrumentales se tenía que contratar a una banda entera, con estudio de grabación incluido. Pero en 1982 comenzaron a venderse ciertas máquinas que podían generar ritmos electrónicamente y sincronizar otros instrumentos. A partir de ese año, no solo los “seleccionados” podían permitirse publicar discos, el MC (Master of Ceremony, nombre original de los rapers) del bloque ahora podía dejar que su DJ, vecino del piso de arriba y que se había hecho con alguna máquina prodigiosa de ésas, le fabricase unas instrumentales a medida y sin necesidad de banda.
Este hecho cambió el sonido del género musical. Incluso influyó en la manera de escribir las letras y de rapear. Ahora se podía experimentar con complejos ritmos y tempos distintos. Incluso permitió saltarse la censura, ya que no se tenía que estar a merced de ningún sello discográfico y se podían producir discos de manera independiente.
La historia no acaba ahí. Los primeros rapers usaban los breaks (momentos de solo de batería) de las canciones de funk de los años 70, para decir sus rimas. Los DJ’s alargaban esos momentos, usando 2 copias del mismo disco, marcando el break sobre la superficie del vinilo para poder distinguirlo y repitiendo una y otra vez hasta el infinito ese momento rítmico y álgido (técnica conocida como Backspin, probablemente la primera atribuida a los DJ’s del Hip-Hop). Cuando la industria intervino y comenzó a producir la música de los rapers, se saltaron cualquier recomendación de los protagonistas y se dedicaron a reproducir los éxitos comerciales de música disco contemporáneo. Los MC’s se tuvieron que adaptar a ese género.

Aunque el cambio de 1982 con las cajas de ritmos supuso una vuelta al origen, todavía había algo pendiente. Se imitaba el sonido de aquellos breaks fabulosos con síntesis y algoritmos. De ahí se generó algo nuevo, pero no era lo mismo.
Pero poco después, una vez más la industria de los instrumentos electrónicos lo cambiarían todo. En 1984 se empiezan a comercializar los primeros Samplers asequibles, capaces de meter en una memoria virtual un pedazo de sonido capturado (de cualquier fuente, un vinilo viejo por ejemplo), con una calidad increíble. Fue el momento en que los DJ’s que ya ejercían de productores/compositores le diesen una nueva vuelta de tuerca al asunto. Y así nació el nuevo rap, el que por fin podía disponer de los breaks de batería originales del funk sin tener que montar una batería completa a la habitación y a un músico que la tocase. Y más allá, trompetas, bajos y secuencias enteras. La edad de oro de la creatividad musical acababa de nacer. Toda la música moderna de los últimos 30 años es consecuencia de aquel momento.

Algo que tuve la oportunidad de presenciar fue el boom del arte urbano, lo que originalmente conocíamos como Graffiti y que durante un par de décadas solo fue eso.

A mediados de los 90, en Europa, dónde las leyes anti-graffiti y la extrema visión de la propiedad privada que se tenía en EEUU (país de origen de esta disciplina) no existían, el Graffiti tomó diversos caminos de desarrollo, generando una industria comercial inimaginable para los arquitectos originales de Nueva York en los años 70.
A mediados de los 90, las herramientas, el bote de pintura en Spray y los rotuladores gruesos de tinta permanente, empezaban a ser un bien comercial en desarrollo. Surgió el nuevo concepto de tienda dónde el “target” comercial es puramente el “escritor” de Graffiti (el término original era Graffiti Writer ya que al principio solo se escribían nombres y todo giraba en torno a las letras). Así surgieron las primeras marcas de pintura fabricadas con el propósito principal de llegar a este nuevo consumidor organizado. Al principio adaptándose a las necesidades sugeridas por los escritores, una presión de gas concreta, una calidad de cubertura tal, unos colores equis. Pero con el tiempo, los propios fabricantes, en su afán de competir y hacerse con el mercado (ahí volvemos al estilo de vida mencionado al principio de este texto), comenzaron a experimentar y a ofrecer productos nuevos. Tantísimos estilos y técnicas que hoy vemos normales en el arte urbano, son consecuencia de inventos creados para este fin. Es la simbiosis perfecta entre arte y tecnología, aunque el combustible sea el capitalismo más puro.

Avanzando hasta la actualidad podríamos encontrar muchas relaciones entre arte y tecnología (a parte de la obvia, pues la tecnología se basa en los inventos y éstos en el arte, o al menos en el aspecto creativo del pensamiento… Esto es artículo para otra ocasión).

Ya sabemos de sobra como muchos que se dedican al arte, lo pueden hacer gracias a la tecnología de comunicación. También conocemos campos artísticos que se basan exclusivamente en soportes tecnológicos (el cine por ejemplo).

Preguntarse hasta dónde esta relación nos puede limitar, cuanta de esta creatividad no existiría si no tuviésemos las herramientas… Bueno.
La visión constructiva de la existencia que elegí tener me hace pensar que estamos por encima, que sí, que nos creamos dependencias tecnológicas a la mínima, incluso para expresarnos, pero siento que el que se tiene que expresar, lo hará, aunque sea dando palmas y usando la voz. Además necesitamos procesos de aprendizaje que conllevan tropiezos, por eso no me asusta cuando nos encontramos con situaciones grotescas y poco calculadas.

De hecho, me parece que las posibilidades de acceso que nos da el estado actual de la tecnología (barata, pequeña, versátil y global) permiten que haya un nivel de expresión muy alto y muy generalizado. Un dato que escuché hace un par de años y que siempre repito con romanticismo, la industria de la música daba la alarma porque internet y la “piratería” (me hace gracia que compartir sin ánimo de lucro sea ahora piratería) habían dejado por los suelos la economía del mundo de la música y toda la estructura peligraba y se destruiría y explotaría todo por los aires y nunca más escucharíamos música nueva en ningún sitio, ni vieja ni nada… o algo así. Entonces hubo un estudio independiente (y aparentemente serio) que exponía datos de ese mismo año. Se habían publicado más discos que en ningún otro en la historia. ¡Es más! Este mismo estudio había buscado la opinión de tropecientos críticos musicales supuestamente indispensables y la valoración final era que además fue el año en el que se habían hecho más cantidad de discos de alta calidad y originalidad.

Me encanta ver los últimos coletazos que dan algunas herramientas de control que parecían indestructibles apisonadoras.

Son esos ejemplos en los que sigo apoyando esa visión constructiva del presente. Sigo creyendo en el poder de la creatividad y en que las ganas de expresarnos sobrellevarán cualquier dificultad.

Nos levantamos, trabajamos, comemos, nos relacionamos, consumimos, perseguimos objetivos materiales y nos apegamos a cualquier cosa. Vivimos en un bucle medio absurdo. Pero entonces tenemos la música, la pintura, el diseño, el cine, el teatro, la escritura, la fotografía… Tenemos las danzas y los retos creativos y cuando estamos metidos en cualquiera de estos momentos artísticos, reconocemos que nos hacen sentir, que las cosas tienen sentido, que en realidad vivimos en ese bucle para salir de él y estar en esos momentos, equiparables a sentir amor. Rozamos la idea de la felicidad. Es la meditación, la desconexión y a veces la ascensión.

Quizás sea esa la simple función del arte, mantener la sensación de que estamos vivos.

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Kapi

Activista y creador multidisciplinar en la cultura del hip-hop.
www.kapione.com

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