Política y Social

El Reino de Bután y otros «No Lugares»

Tesi Freire Díaz Maquillaje y Escultura de Efectos Especiales

1. Me gustaría contarme una historia. Una no muy larga en la cual sobrevivo. Pero no soy ese tipo de persona y, además, voy a morir tarde o temprano. Y tú. Y aquel de allí también. Pero bueno, nos la voy a contar igualmente, no tenemos nada mejor que hacer. Es un cuento aterrador sobre la distopía que vivimos. Porque seguro que has pensado, como yo, que este mundo es altamente distópico y se aproxima peligrosamente a algunas de las fascinantes ficciones elaboradas por los escritores del siglo XX. El otro día veía unas viñetas sobre cómo se podían comparar las realidades de dos libros esenciales cuando se habla de este tema: 1984 de George Orwell y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Lo más alucinante y terrorífico era cómo cada una de las viñetas se podia aplicar a estados y países concretos. Así que, pensándolo mejor, no nos voy a contar la historia de la distopía actual. Está demasiado cerca como para ser capaces de pensarla con claridad, y yo me distraigo muy fácilmente.

2. Cuando pensamos en distopías de ficción -me veo en la obligación de especificar- nos vienen a la cabeza, además de las que he nombrado más arriba, V de Vendetta o El Cuento de la Criada. Pero también Matrix o Farenheit 451, incluso La Naranja Mecánica. Sociedades ficticias indeseables en sí mismas. Esta es la definición sacada de la Wikipedia, que en este mundo hipertecnológico es el único lugar lógico donde acudir a por información hoy en día. Después de pensar en esa manera escueta de explicarla, he decidido no seguir leyendo en internet y he tomado la vía más clásica de sentarme un momento con mis pensamientos, un cuaderno y un bolígrafo, a organizar qué características me resultan a mi definitorias de este tipo de historias. He tardado bastantes días, porque mi trabajo precario no me deja mucho tiempo y llevo tanto mirando a una pantalla que casi se me ha olvidado escribir, pero he elaborado una lista de reglas y condiciones típicas de estos mundos imaginarios. La enumeración no tiene orden de importacia, no tienen porqué estar todos los rasgos presentes y pueden ser combinados en distintos grados de importancia:

-Un planeta catastrófico.

-Carencia de suministros, escasez, reparto desigual de los recursos.

-Políticos corruptos, sistemas neofascistas y necropolíticas.

-Súper conglomerados empresariales y grandes corporaciones.

-Sociedades en decadencia y ultrajerarquizadas con apariencia de igualdad.

-Policía con atribuciones de purga y persecución de los enemigos del sistema.

-Desinformación y noticias construidas al servicio del poder.

-Drogas, ocio extremo, consumismo desmesurado, necesidad de distracción.

-Cultos religiosos o ateísmo radical.

-Submundo de disidentes u opositores a exterminar.

-Hipertecnificación y tecnología ubicua.

Ahora, viéndola así escrita y ordenada, me suena. Bastante. Seguro que a ti también te suena. Y no precisamente del mundo de la ficción.

3. Últimamente mi línea de pensamiento de ex-historiadore y amante del análisis de sistemas es relacionar nuestro mundo actual con una distopía neofeudal, en la cual las grandes empresas son nuestros señores feudales en sus castillos peleando entre ellos por el control del territorio económico. Somos sus campesinos trabajadores y ellos nos pagan la vida a cambio de pleitesía y el sudor de nuestras frentes. Pero eso es mi percepción y puede que no se ajuste en nada a la realidad.

4. Si vuelvo a la Wikipedia -lo sé, me estoy desdiciendo, pero está tan llena de información veraz y no me puedo resistir- leo que la palabra distopía se construyó a partir de la palabra utopía, introducida en nuestro lenguaje por Tomás Moro, quien por cierto fue acusado de alta traición y ejecutado por oponerse a Enrique VIII, un valiente mártir en una apasionante persecución por motivos políticos. Utopía procede del griego y significa “no-lugar”. Una distopía, pues, sería una utopía negativa, un “no-lugar” indeseable. Irremediablemente me planteo cuanto de realidad tiene esa ubicación ficticia cuando tengo la constante sensación de estar viviéndola ahora mismo. Pero como no me gusta pensar en cosas tristes y abstraerse es un ejercicio maravilloso, voy a contarnos la historia de otra forma, aún sin sobrevivir ni tú ni yo, porque de esta manera me da miedo.

5. En mi profana opinión, el problema habitual de los sistemas distópicos de los libros y las películas es una población atenazada por la incapacidad de imaginar el futuro porque está tan cansada, desanimada y desconectada que sólo puede sobrevivir. Esa imposibilidad para mirar hacia delante e idear un “no-lugar” mejor está destinada a generar una fuerza motriz opuesta en los personajes heroicos protagonistas de estos relatos y guiones. Me apasionan las historias de héroes y heroínas, principalmente aquellas con seres antiheróicos y reticentes, cuyos arcos argumentales los llevan a mover el mundo sólo con el poder de su personalidad y su aprendizaje. Me asalta la duda de si seremos capaces de cambiar mi historia, pero como me gusta infinitamente teorizar, voy a inventarnos un “no-lugar” ideal. Seremos intrépidos y valientes, y generaremos un cuento con una epicidad de la cual hablarán las generaciones futuras. Voy a contarnos mi utopía, un empeño mucho más loable.

6. En mi espacio ficticio ideal, los seres humanos han dado todos los pasos necesarios para preservar el planeta y hacerlo florecer, respetando sus recursos, eliminando la contaminación y favoreciendo la conservación de los ecosistemas. Hemos abandonado las teorías del capitalismo neoliberal que nos llevan a pensar en un crecimiento constante y exponencial, abrazando el decrecimiento porque no nos llega el planeta a nivel de recursos para ese nivel de consumo. La administración de los recursos está establecida de manera que todas las personas tengan acceso a ellos de forma que se permita la vida. La descentralización del poder y los sistemas cooperativos están a la orden del día. Las instituciones de administración de justicia son independientes de los núcleos de poder -quedan pocos y son lo menos jerarquizados posible. Los grupos de personas se organizan de maneras diferentes que no exclusivamente tienen que ver con la familia nuclear y los lazos de sangre, y más con la ayuda mutua y la elección consciente de los vínculos. El tinte psicopático actual se ve sustituido por un enfoque basado en la empatía, y ninguna vida vale menos que otra, dado que hemos dejado de percibir su valor en función de su utilidad desde la perspectiva neoliberal de productividad. En esa misma línea, los sistemas de sostén social se ven fortalecidos frente a la acumulación de recursos de supervivencia en manos de gestores anónimos que dificultan el acceso a necesidades básicas como educación, sanidad, cuidados.

7. En mi utopía, a las personas como yo no las tratan como seres de segunda, no discuten sus cuerpos como lugares públicos, no se nos niegan la existencia, ni se nos mata. Allí, me puedo nombrar como quien soy y no como quien me han asignado, nadie lo cuestiona. Como dice Nancy Fraser, el feminismo es la respuesta a esta crisis del capitalismo -a estas alturas tú y yo sabemos que “esta crisis del capitalismo” es otra manera de llamar a la distopía que vivimos. Uno de los grandes triunfos del capitalismo ha sido convencernos de que la lucha de clases no existe, todes somos clase media porque podemos comprar teóricos objetos de lujo a plazos. Así, mi cuento es feminista. Y así también es anticlasista, antirracista, y antifascista, y antiespecista, y anticapacitista. Y, por cambiar un poco el prefijo, proLGTBI y neurodivergente. Todas las creencias son respetadas, pero su institucionalización está prohibida porque es considerada como una extensión del ejercio del poder político aplicado a la manipulación de la población. Cuánto dolor ha traído esta alianza. El mundo épico construido por nosotres tiene espacio para les disidentes y les marginales, para todos los cuerpos abyectos -ese excelente concepto de Judith Butler. Y para aquelles que hablamos y nos denominamos con la -e neutra, por supuesto.

8. A veces en mi ensoñación me imagino en el Reino de Bután, con su producción agrícola ecológica para la protección del medio ambiente, su educación de alto nivel, y su inteligente decisión de eliminar los índices capitalistas de mercado de la forma de medir el bienestar de su población, sustituyéndolo por la Felicidad Nacional Bruta. Luego me veo rodeada de montañas viviendo en una cabaña trabajando en el campo mientras el gobierno de mi país valora mi felicidad psicológica y se me pasa, creo. O no.

9. Hay veces en las que veo un reflejo de mi utopía en la distopía actual y me hace llorar de fascinación y rabia. Entonces recuerdo un monólogo de Rust Cohle, protagonista de la serie True Detective en el cual afirma que: ”Nos volvimos demasiado conscientes de nosotros mismos, la naturaleza creó un aspecto separado de ella, somos criaturas que no deberíamos existir de acuerdo a la ley natural. Somos cosas que funcionan bajo la ilusión de tener un ser propio, una acumulación de experiencias sensoriales y sentimientos, programada para asegurarnos que somos alguien, cuando en realidad nadie es nadie”. En cuanto nos hicimos conscientes, temimos morir y buscamos maneras de no hacerlo. Primero nos vestimos con pieles, luego nos unimos a otras personas, buscamos cuevas, construimos cabañas, jerarquizamos nuestras relaciones, creamos cultivos, murallas, armaduras, ciudades, guerras, acumulación de capital -económico, cultural, social-, tecnología, separación entre personas, terror a lo diferente, fascismo.

10. Nos aterrorizan las distopías porque vemos en ellas esquirlas de las sociedades en las que vivimos y nos obligan a enfrentarnos a nuestra incapacidad de cambiar la historia. Nos aterrorizan las utopías porque nos exigen ir más allá de nosotres mismes y enfrentarnos a nuestro miedo al cambio, que no es otra cosa que un miedo constante a morir. El ser humano, nos diré, vive aterrorizado. Finalmente nos hemos olvidado de que nuestra vulnerabilidad es nuestra mejor virtud.

Cuando nos cuento esta historia, sólo veo como la utopía de unes es siempre la distopía de otres.

Ilustración de Héctor Villar @zenekene

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Tesi Freire Díaz

Maquillaje y Escultura de Efectos Especiales

Cada vez que me piden que cuente quien soy, me bloqueo. Soy una persona azul; disidente de sexo, género y sexualidad; curiosa de cualquier disciplina que se pueda aprender; y hago muchas cosas: escultura, canto, escritura, tematización, activismo en redes. Si las metemos en una batidora, se puede llegar a ver quien soy en los trozos de todas ellas.

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