Arte y cultura

Género y vivienda: una perspectiva arquitectónica13 min read

Daniel Bergman, introducción de Soledad Martínez0 min read Arquitecto

Introducción

Nos dedicamos a la decoración  de interiores. Eso le escuchaba ayer a una amiga psicoanalista. Bonita manera de describir la labor psicoterapéutica. Cambios internos que generan cambios externos. Esculpiendo espacios como los arquitectos. Pensaba en esto  mientras le daba vueltas al tema que aquí nos ocupa: Arquitectura y género. Urbanismo y vivienda con perspectiva de género.

Reconozco que la primera vez que leí sobre esto fue hace  dos meses en un artículo de periódico. Llevo años trabajando de “decoradora de interiores de mujeres que han vivido violencia de género o violencia sexual” Sin embargo, era la primera vez que leía que se podía aplicar esta mirada también desde otros niveles, por ejemplo en el diseño urbanístico o el de una vivienda. Qué bien poder descubrir cosas, pero tenía que enterarme  de en qué consistía y en el artículo no especificaba mucho. ¿En qué se traducía esa perspectiva de género en una ciudad? ¿en  una vivienda? Una amiga me dijo: “Seguro  que habla de camas en habitaciones separadas”. Curiosa idea. Me vienen a la cabeza los relatos de Italo Calvino y sus ciudades invisibles: ¿existe alguna ciudad con perspectiva de género dentro de la imaginación de este italiano? ¿Y en el mundo?

No llegué a ninguna conclusión.

Decidí preguntar a amigos arquitectos antes de meterme en san Google. Y así empieza la andadura de este artículo, construido y decorado por muchas manos, en la azotea del colegio de Arquitectos de Madrid.

Daniel Bergman, autor del artículo, acepta el reto. Cuando veo a Daniel en persona le pido que me haga una descripción para principiantes. Me relata entonces un mundo de ciudades más amables y habitables. Me abre un mundo enorme y desconocido. Porque sí , señores y señoras, las ciudades y hogares con perspectiva de género son más amables con sus habitantes. Tienen en cuenta factores que hacen que vivir sea más confortable, más cooperativo y menos solitario. Y acabamos hablando de cocinas en una cocina, de cine, horarios, transportes. Cociendo este artículo que aquí les presentamos. Gracias Daniel por el paseo.

Soledad Martínez Fernández, psicoanalista.

 

Historias de la cocina

Housekeeping ain´t no joke.
Louisa M. Alcott

La fuerza del orden masculino se descubre en el hecho de que prescinde de cualquier justificación: la visión androcéntrica se impone como neutra y no siente la necesidad de enunciarse en unos discursos capaces de legitimarla. El orden social funciona como una inmensa máquina simbólica que tiende a ratificar la dominación masculina en la que se apoya: es la división sexual del trabajo, distribución muy estricta de las capacidades asignadas a cada uno de los dos sexos, de su espacio, su momento, sus instrumentos; es la estructura del espacio…” (Bourdieu 1998, pag. 22).

En la película Noruega Salmer fra kjøkkenet (Ben Hamer, 2003) un científico social se sienta en la esquina de la cocina, observando al dueño de la casa, e intenta anotar sus movimientos en un plano y un cuaderno con horarios. Estamos en Suecia en 1944. El HFI (Instituto de Investigación del Hogar) se ha propuesto estudiar y mejorar el trabajo de las amas de casa desde un enfoque taylorista, mejorando la eficiencia en la relación entre el ama de casa y los muebles y utensilios de cocina. Analizado el uso de la cocina por las amas de casa, pasa a estudiar a los hombres que viven solos. La película expone en tono cómico las debilidades del método científico positivista, y el ridículo de la situación de estudio que prohíbe la comunicación entre el observador y el observado, para preservar el enfoque objetivo del estudio. O visto desde los ojos del dueño de la casa, el absurdo de tener en la cocina de su casa a un señor en silencio que le observa desde lo alto de una silla de árbitro de tenis, y no poder preguntarle cómo se llama, de dónde viene, invitarle a un café, etc. En definitiva, relacionarse con él para combatir la soledad en el norte del Norte.

Escena de la película  Salmer fra kjøkkenet

Sin embargo, el HFI no fue la primera institución que trabajó desde este enfoque taylorista para mejorar la eficiencia del trabajo de la mujer en la cocina. Llegó bastante tarde, aunque llevándolo hasta extremos de estudio no vistos previamente. Casi 100 años antes, en 1843, la neoyorkina Catharine Beecher publicaba A Treatise on Domestic Economy en el que planteaba la sistematización del diseño en las cocinas y la inclusión de consideraciones ergonómicas en las mismas. En 1913 Christine Frederick, precursora en establecer un laboratorio para estudiar las labores del hogar, también abordó el problema del diseño de las cocinas desde un punto de vista taylorista en una serie de artículos publicados en “New Household Management“. Y por fin en 1926, la arquitecta austríaca Margarete Schütte-Lihotzky dio forma a estos principios en lo que se conoce como la cocina de Frankfurt. Una “cocina máquina” de reducidas dimensiones que ha servido de modelo desde entonces para los arquitectos racionalistas de todo el mundo, y a los herederos de los mismos. Y esos son casi todos los arquitectos desde 1940. Como expresa el director del estudio en la película, mediante el estudio taylorista del trabajo en la cocina, se trata por ejemplo de mejorar la eficiencia de los desplazamientos de forma que

“… ya no hace falta que el ama de casa camine hasta el Congo para servir la comida en la mesa durante un año, sino que basta con que camine hasta el norte de Italia” (min 8:52).

El estudio de la economía doméstica llevado a cabo en el HFI (Instituto de Investigación del Hogar)

Desde nuestra perspectiva de género actual, todos estos modelos de inspiración taylorista, que siguen inspirando a los arquitectos hoy en día, partían con un pecado original. No cuestionaban el rol de la mujer como encargada casi exclusiva de la elaboración de las comidas familiares. Las ideas respecto al rol de la mujer en la sociedad de estas tres pioneras son bien distintas, pero, a pesar de ello, el resultado de sus propuestas y proyectos, afianzaban el aislamiento del ama de casa en la cocina.

Diseño de cocina realizado por  Margarete Schütte-Lihotzky para el conjunto de viviedas sociales en Römerstadt, del arquitecto Erst May, en 1926 

No es hasta finales de los años 60 en que, también en Suecia, se realiza una revisión de los estándares de cocina planteados en los años 30 y 50, donde se establece trabajar sobre modelos de cocina para el trabajo simultáneo de más de una persona, en respuesta al aislamiento e invisibilización que producía esta cocina máquina. Cocina que de alguna forma resultaba funcional al modelo de familia asociado a la producción en fábrica: hombre con trabajo externo y mujer ama de casa, con dos o tres hijos. (*-nota- Ciertamente la influencia en el imaginario social de esta “familia modelo” ha sido y sigue siendo mucho mayor que su existencia real en términos estadísticos en la sociedad). La importancia de considerar la inclusión de dos personas en la cocina radica en que, al cambiar las relaciones de género dentro de la familia, la solución no consiste sencillamente en que el hombre realice el trabajo que realizaba la mujer, cambiando a una por otro. Sino que la cocina, además de aceptar esta opción, ha de aceptar el trabajo conjunto y simultáneo de dos o más personas. Y es muy probable que cuando “los mayores” se encuentren en la cocina, los niños y niñas también deseen realizar tareas en presencia de los mismos. Pasando así de una “cocina máquina” a una “cocina social”, más amplia, en la que no sólo caben dos personas trabajando, sino también una mesa para comer,  para jugar o para hacer los deberes. El cambio en el equilibrio de género no es una sustitución de roles, es una reconsideración de la convivencia.

La cocina social. Reestudio de las cocinas suecas realizado a finales de los años 60, revisando el estándar de los años 30 y 50.

Pero no solo la distribución y el orden interno de los muebles de la cocina han sufrido una evolución histórica, también lo ha hecho la posición de la cocina en relación a las otras estancias del hogar. Si tal como indica Bourdieu (1972) la disposición de los espacios y sus relaciones recíprocas son la plasmación de un sistema de valores que refleja los usos y costumbres de una sociedad, podremos leer esta evolución en términos de modificaciones de valores y roles de género.

Así, históricamente la cocina ha ido pivotando entre ser una estancia exterior a las viviendas y una posición central. Situada al exterior por el riesgo de incendio, la insalubridad del humo y la separación social entre sirvientes y servidos. Y buscando una posición central como lugar del fuego, fuente de calor, dando incluso nombre al hogar.

Los últimos cambios significativos se producen con la aparición de determinados avances técnicos como fueron en primer lugar la chimenea, y más tarde los hornos de hierro: así el fuego, y por tanto la cocina, pudieron ir entrando en las viviendas. Más tarde, hacia el siglo XIX, las conducciones de gas y de agua corriente permitieron limitar incluso más el riesgo de incendio o de humo en el hogar. En el siglo XX, la llegada de la electricidad dio otro paso en este sentido. Sin embargo, su situación dentro de la vivienda seguía encontrándose alejada del espacio representativo de la vivienda, quizás por esta misma historia o por su asociación al servicio.

En España, en las viviendas sociales de los años 40 a 80 se puede ver c la posición preferente de la cocina es al otro lado del pasillo respecto al estar, y no al mismo lado del pasillo con una pared larga en común. En los últimos años, viene produciéndose este desplazamiento paulatino de la cocina a una posición de mayor proximidad y apertura al estar de la vivienda. Se puede argumentar que las campanas de extracción y los sistemas de ventilación han mejorado en las viviendas, pero nos parece más acertado interpretar este cambio como un movimiento de inclusión de la mujer en el estar o, viceversa, del hombre en la cocina. En definitiva, la mejor comunicación entre estos espacios refleja una paulatina modificación en la forma de habitar y en la relación entre géneros.

Plantas de viviendas comunes en el mercado privado en España. A la izquierda un modelo más común hasta los años 80, y a la derecha uno más común actualmente.

Sin embargo, todavía a día de hoy en España, la encuesta de uso del tiempo del INE, que pone números a lo que todos sabemos, constata que los tiempos dedicados por las mujeres diariamente a las tareas del hogar  y de cuidados (5 de 24) multiplican por 3 a los tiempos dedicados por los hombres (1,5 de 24). Podemos comparar esta estadística con los valores homólogos en Suecia, por ser el país que creó el HFI y trabajó en estos temas bajo los planteamientos positivistas previamente descritos, y donde este último cambio en las cocinas compartidas se produjo hace unos 30 años. Allí la diferencia se reduce actualmente a “solo” multiplicar por 1,5 las horas que dedican los hombres a las tareas del hogar para obtener el que dedican las mujeres. Desde luego la relación entre estos hechos no es causal, pero si parecen formar parte de un entorno de variaciones relacionadas.

Todas las consideraciones previas están hechas respecto a la cocina, que al menos tiene un nombre propio asignado a una estancia específica en los planos de las viviendas, y en las leyes y normativas correspondientes. Otras tareas del hogar han tenido peor suerte, como por ejemplo, el denominado ciclo de la ropa. (almacenar ropa sucia, lavar, secar, planchar, almacenar ropa limpia), la limpieza, el juego de los niños y niñas, o el trabajo remunerado en el hogar, que directamente han sido omitidos en las denominaciones tipo de estancias en la vivienda. Tanto en la ley, como en las costumbres. Espacios invisibilizados que suelen estar asociados a tareas mayoritariamente realizadas por la mujer. Este descuido o ausencia se suele justificar, cuando llega a nombrarse, por el ahorro en espacio construido. Sin embargo, preferimos leer esta omisión dentro del marco explicitado por Amaya Perez Orozco: “Hemos recorrido un camino de invisibilización y ocultamiento que ha ido legitimando la desaparición de la reproducción de nuestras cartografías del mundo. Esa invisibilización era el proceso simultáneo requerido para asentar en el epicentro a los mercados capitalistas y a su lógica de acumulación. La reproducción es el otro oculto de la producción. El sistema socioeconómico tiene la forma de un iceberg.

El espacio y sus atributos no determinan los roles de género, pero sí pueden suponer una pequeña ayuda o un pequeño freno en el camino hacia el reparto igualitario de las tareas de cuidados, una de los múltiples sustentos de la “igualdad” de género y de todos los reequilibrios que ello implica.

En la última escena de la película, el doctor mujeriego y ausente que dirigía el estudio científico sobre el uso de las cocinas por los hombres, recibe el cuaderno de anotaciones del protagonista, y en él ve que el observador ha sido observado. Exclama “¡Esto es importarte!” y sube al avión. De alguna forma, parece intuir el concepto de “conocimiento situado” que elaborará años más tarde el feminismo. Un concepto fundamental, que explicitando y deconstruyendo las condiciones y el lugar desde el que produce el conocimiento, socavará un poco más la pretendida objetividad del método científico positivista. Sin embargo, gracias a estas pioneras tayloristas y a los investigadores positivistas de los años 40, muy probablemente todos tenemos en nuestras casas cocinas deudoras de la “cocina estándar sueca”. Cada una de ellas con su proporción de funcionalidad taylorista y su problemática de género heredada.


Notas

Pérez Orozco, Amaia, 2014 Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida, Traficantes de sueños.

BOURDIEU, P. 1972. Esquisse d’une théorie de la pratique précédé de Trois études d’ethnologie kabyle. Genève: Droz.

BOURDIEU, P. 1998. La domination masculine. Edición española en La dominación masculina, Anagrama, 2000

Salmer fra kjøkkenet (Ben Hamer, 2003)

FOTOS

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Fotograma de pelicula

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Ateljé Hernried / Nordiska Museet

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Ateljé Wahlberg / Nordiska Museet

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de Catharine Beecher, The American Woman’s Home, 1869

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Reconstrucción de la cocina de Frankfurt en el MAK Viena, por 8linden Frankfurter Küche, Christos Vittoratos (Own work) [CC BY-SA 3.0] o GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons

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Studio Granath / Nordiska Museet

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Planta de vivienda con una distribución tipo años 80.

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Planta actual de una vivienda de la promotora Neinor. 2017.

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Daniel Bergman, introducción de Soledad Martínez0 min read

Daniel Bergman Vázquez es arquitecto. www.madhel.eu

Soledad Martínez es psicoanalista en  Centro de Psicología Argensola

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