Política y social

La innovación tecnológica y el negocio de la xenofobia

Miguel Urbán Crespo Eurodiputado, activista social y cofundador de Podemos

“¿Tienes idea de cuánto ganas con el business de los inmigrantes? Los inmigrantes rinden más que la droga”. Así se expresaba, en una conversación telefónica pinchada por la policía, uno de los capos de la trama mafiosa que ha sacudido Roma conocida como “Mafia Capitale”. Aunque pueda parecer mentira, el capo romano no se refería al tráfico de personas sino a la gestión de albergues, “hotspots” y centros de recepción y acogida de inmigrantes de gestión privada mediante licitación pública.  Con total seguridad, esta misma conversación la podrían tener dos directivos de empresas europeas de innovación tecnológica y seguridad.

La lista de costes para alejar a migrantes y refugiados de las fronteras europeas acumula miles de millones de euros. Pero la realidad es tozuda. Las vallas de la Europa fortaleza no parecen ser suficientes para frenar el drama migratorio. Los intentos de llegar están lejos de disminuir, generando cada vez más muertos directamente relacionados con nuestra política de fronteras y vinculadas a un gran negocio del que se benefician a partes iguales la industria de defensa a un lado de la frontera, los traficantes de personas al otro. Y es que las vallas, los controles fronterizos y los centros de detención de extranjeros, se han convertido en una industria opaca que mueve miles de millones y promueve la xenofobia institucional como un gran negocio.

La paradoja, en este sentido, se convierte en círculo vicioso: cuantos más controles hay, más hay que controlar. Se produce entonces el “milagro” de la multiplicación de los controles fronterizos, y con ellos arrecian las declaraciones políticas y policiales que ligan migración irregular con crimen organizado, terrorismo o tráfico de seres humanos. Para Rubén Anderson, que ha estudiado la industria del sector tanto en Europa como en Estados Unidos,  este círculo  vicioso se expresa en que “para  muchos cuerpos y fuerzas de seguridad la migración constituye una fuente de ingresos y una razón de ser en tiempos caracterizados por fronteras “abiertas” y por la falta de amenazas militares tradicionales”. Para la industria de Defensa, apoyada por fondos de investigación tecnológica de la UE, la migración constituye, asimismo, una potencial mina de oro. Además, cuando los inmigrantes permanecen hacinados y detenidos por periodos cada vez más largos, empresas multinacionales de seguridad pueden obtener grandes beneficios, como en menor medida hacen las organizaciones humanitarias, que han sido progresivamente incorporados en la nueva economía de la “frontera.”

De esta forma, la Europa Fortaleza se constituye no solo en un proyecto racista vulnerador de derechos y libertades, sino también en un gran negocio que no ha parado de crecer en los últimos años, lo que ha llamado la investigadora francesa Clarie Rodier : “el negocio de la xenofobia”.

Cuando hablamos de seguridad de fronteras enseguida nos viene a la cabeza Frontex, la agencia que se encarga de administrar el sistema europeo de vigilancia de las fronteras exteriores. Un magnífico  ejemplo de cómo se han incrementado los fondos destinados a la seguridad fronteriza. El presupuesto destinado a la agencia se ha incrementado un 67,3% en un solo año, al pasar de los 142,6 millones de euros con los que contó en 2015 a los 254 millones presupuestados para 2016. El incremento es aún más significativo, un 6.388% en 11 años, si lo comparamos con los 6,3 millones de presupuesto anual con los que el Frontex arrancaba en 2004. Desde su nacimiento la agencia se ha convertido en una gran consumidora de nuevas tecnologías sobre las que ha fundamentado su modelo de control de fronteras y de bloqueo de las rutas migratorias.

La deriva securitaria de la UE afecta tanto a los países de la “frontera sur” como a los nuevos Estados miembros, a los que se les exige que refuercen las fronteras como condición para adherirse a la Unión, ampliando el mercado de las vallas y la seguridad. El equipamiento adquirido o actualizado con dinero del Fondo para las Fronteras Exteriores en el último periodo incluye 545 sistemas de vigilancia de fronteras, 22.347 elementos para la vigilancia de fronteras y 212.881 elementos para el control fronterizo. Asimismo países que no son miembros oficialmente de la UE pero que están a la espera de serlo como Macedonia y Serbia, reciben importante sumas de dinero de la UE para reforzar sus fronteras, levantar nuevas vallas o endurecer su legislación migratoria.

A pesar del aumento exponencial de la inversión en seguridad y controles fronterizos, los números de llegadas de migrantes a Europa no han descendido, sino por el contrario han aumentado. Como afirma el investigador Rubén Anderson “la industria del control fronterizo se ha convertido en un círculo vicioso que se agranda gracias a sus mismos fallos”. Entonces si las vallas y las nuevas tecnologías no sirven para impedir la entrada de refugiados y migrantes a nuestras fronteras, ¿qué papel cumplen? Podríamos decir que tienen una doble función.Por un lado se convierten en un elemento “tangible” de propaganda política en la escalada de populismo punitivo que atraviesa Europa, y por otro en un gran negocio para unas empresas que se lucran “arreglando” o mejorando sus propios fallos en los sistemas de seguridad, a través de costosísimos planes de innovación tecnológica.

La industria europea de seguridad fronteriza está dominada por grandes empresas de armas que han visto en este campo un nicho muy importante de mercado. De esta forma, el gigante de armas italiano Finmeccanica identificó “los sistemas de control de fronteras y de seguridad” como uno de los principales impulsores del aumento de pedidos e ingresos. El lobby armamentístico es uno de los más potentes y de los que más invierten en influenciar las políticas y las decisiones tomadas en Bruselas en materia de defensa y control migratorio de las fronteras europeas.

Las empresas saben reconocer los intereses comerciales que están en juego con las políticas europeas e invierten importantes sumas de dinero en las labores de lobby. Según el propio Registro de Transparencia de la UE, en los últimos cinco años Airbus ha gastado por lo menos 7,5 millones de euros en esta tarea; Finmeccanica y Thales han gastado más de un millón de euros; Indra casi 1,5 millones, y Safran más de 2 millones de euros. Esta presión y el cambio en las políticas de defensa de la UE han dado como resultado cuantiosos beneficios para esta industria mediante la concesión de contratos públicos para gestionar la defensa de las fronteras.

Para comprender el poder y el papel de la industria militar en el diseño de la política de defensa tenemos que retrotraernos al 2004,  al encuentro del Group of Personalities (GoP) convocado para crear un marco para la investigación relacionada con la seguridad fronteriza, en donde EADS (hoy Airbus), Thales, Finmeccanica o Indra eran los invitados principales para dar vida a las ‘”recomendaciones” que todavía hoy marcan las líneas estratégicas europeas del sector. Ni la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ni la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) fueron parte de este selecto grupo que, desde entonces, sólo se ha reunido dos veces de forma oficial.

Un ejemplo del poder de las empresas del sector armamentístico en las concesiones de políticas públicas se muestra en cómo la industria ha conseguido captar 316 millones de euros de financiación destinados a la investigación en temas de seguridad, estableciendo la agenda para la investigación a través de las directrices del GoP, desarrollándola y, después, muchas veces, beneficiándose de los contratos resultantes. Desde 2002 hasta el 2014, la UE ha financiado 56 proyectos en el campo de la seguridad y el control de fronteras que han ido a parar a las manos de la industria militar.

El estudio del Transnational Institute “Guerras de Frontera[1]” muestra además cómo este beneficio no es en absoluto pasivo, sino que el lobby militar y de seguridad, a través de influyentes organizaciones como la Organización Europea para la Seguridad EOS (de la que forman parte Thales, Finmeccanica y Airbus), la Asociación Europea de Industrias Aeroespaciales y de Defensa (ASD) y el centro de estudios Friends of Europe, está estrechamente vinculado con las políticas fronterizas que acaba poniendo en marcha la UE.

“Bastantes propósitos de EOS, sea en una versión modificada o no, han terminado finalmente recogidos en la política de la UE durante los últimos años. La influencia mutua entre los cuerpos industriales y los de la UE en políticas de desarrollo forma uno de los pilares del complejo industrial de seguridad fronteriza”, constata el documento.

De esta forma, no es extraño comprobar que las empresas de innovación tecnológica han sido de las principales beneficiarias de los proyectos de I+D para el desarrollo de proyectos en tecnología de defensa financiados por la UE. Por ejemplo, Indra obtuvo 8.106.544 euros para siete proyectos de I+D desde 2002. A la vez que se beneficia de licitaciones y concesiones provenientes de la CE, Indra tiene presencia entorno a las mismas instituciones que deciden el gasto en defensa y control fronterizo. Según lo declarado en el registro de transparencia no obligatorio de los grupos de presión de la UE, la empresa española ha gastado cerca de un millón y medio de euros en los últimos años en intentar influir sobre las políticas de defensa de nuestras fronteras.

Quizás lo más perverso de la opaca industria de la investigación y la seguridad es que algunos de los beneficiarios de los contratos de seguridad en las fronteras son algunos de los mayores vendedores de armas a la región de Oriente Medio y el Norte de África, alimentando conflictos que están entre las principales causas del desplazamiento de los refugiados. Todo ello con el inestimable apoyo de los Estados Europeos que les han otorgado las licencias necesarias para exportar armas y, después, les han concedido contratos de seguridad fronteriza para hacer frente a parte de las consecuencias que llegan a nuestras costas. Cerrando el círculo de un negocio perverso que se alimenta de la muerte y del sufrimiento.

[1] https://www.tni.org/es/publicacion/guerras-de-frontera

 

Política y social

Miguel Urbán Crespo

Anticapitalista empeñado en cambiar el mundo desde la base. Cofundador de . Y ahora Eurodiputado. http://www.miguelurban.net/

2 pensamientos en “La innovación tecnológica y el negocio de la xenofobia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *