Política y Social

Las fronteras son económicas

Carlos Alcalde Dramaturgo

La línea divide a los de allá y a los de aquí. En ambas partes cobra importancia en qué lado naciste, sea aquí o allá, porque el distinto es el que está al otro lado de la frontera. Es entonces que desde pequeño te meten por las venas un conjunto de ideologías y perspectivas distorsionadas de lo que es el mundo. Y ves ese mundo. Y crees en ese mundo y su sistematización. Y esa, es tu visión integrada en relación con la defensa de tu mundo.

Ahí radica la esencia de la burda inteligencia de un colectivo. La frontera se convierte en el instrumento de la ambición del hombre.

La frontera realmente fue creada por el mundo económico. El poder económico de un lado u otro necesita disfrazar perfectamente sus verdaderos intereses, oculta su verdadero rostro y procede a crear una bandera, un himno en el centro de la emoción, generando identidades superficiales que te lleven a pertenecer a ellos o a los otros. Incluso propician el grado de la divinidad en la región desolada de nuestra soledad. Y tu generosidad empieza a pertenecer a las dinámicas de la economía y la política. Y desde ahí se da la construcción de tus sentidos y se intensifica a que pertenezcas a un lado, a un sitio. Pero para el poder es poco.

El verdadero nombre de un país es EMPRESA. Sin embargo, el poder económico necesita llamarle patria. La razón del desastre es cuando la patria está por encima de todo, y le otorgamos nacionalidad hasta a las piedras. Y la identidad se convierte en una enfermedad crónica. Y hasta es posible que te envíen a una guerra para dar la vida por unos empresarios.

De manera que se constituye a crear otras fronteras, fronteras al conocimiento, fronteras al entendimiento; se han ordenado en nuestras vidas para separarnos del ser humano más próximo. Nos da miedo lo enigmático en toda su anchura y profundidad. Fragmentar para no crecer. Para no ser genial.

Cada hombre es educado progresivamente para construir sus propias fronteras para poder caminar. Las familias es un complejo surtidor de fronteras personales.

Pero no basta con estas fronteras, van más allá, incluso en un mismo edificio las fronteras se han desarrollado de tal manera que existe incomunicación entre los vecinos. Cada vez hay menos espacios para simplemente sonreír a otro. Y tratas a tu propio sentimiento como un secreto que no deseas compartir. Nos da miedo que nos quiten no sé qué.

Y de manera más sutil también se construyen las fronteras interiores con los zapatos llenos de prejuicios; impregnados muchas veces de rechazo al “distinto” al “extraño”. Y creemos fielmente entre las entrañas que nuestra verdadera identidad es nuestro DNI, porque para muchos el documento es prueba de su existencia. Amamos una bandera, lo cual ha hecho que seamos extraordinariamente ignorantes sobre la identidad. Olvidándonos que pertenecemos a la noche más antigua del mundo.

La frontera mata muchas veces la última ilusión de la generosidad. Tanto que nos da miedo ir por un rumbo que nadie ha sabido todavía definir. Preferimos que nuestras fronteras tengan sus espejos profundos y opacos. Y estamos con los pies torpes para el amor.

En cada historia individual nuestras fronteras tienes diferentes formas de actuar para no ser dulce y puro. Y veneramos cierta situación laberíntica donde está enferma nuestra libertad. Y nos negamos a usar nuestro sexo hacia lo liso e infinito. Nos negamos a embriagarnos con las felicidades efímeras que nos pudiera hacer perder la superficie. Nos negamos abrazar lo que esta después de la frontera. Nos negamos a destruir nuestras fronteras que se bifurcan una y otra vez, en la finísima concepción de nuestra intuición más verdadera. Y saludamos sintiéndonos terriblemente completos. Y de esta manera hacemos el mundo, con gente que las fronteras se les salen por los poros.

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Carlos Alcalde

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