Literatura

Lo que nos separa

Cristina Serrano Escritora y librera

Nunca me sentí cómoda en aquel cuarto. Le eché la culpa a mi mirada cansada y me instalé, sin más.
Inventé un lugar donde refugiarme con mis cuadernos en un intento inexplicable de distanciarme de tu mundo. Aislada, me iba sintiendo mejor.

Nos separaba un largo pasillo.

Algunas noches, quise acercarme a ti. Te visitaba, pero mi piel, al poco tiempo, enrojecía, me picaba el cuerpo como si la sangre no fluyese por su camino y se quejase, pidiéndome a gritos regresar a mi espacio. Al cabo de un mes, los lugares comunes seguían con las paredes desoladas. La cocina acumulaba humedad y el suelo ennegrecido me entristecía, añorando de nuevo una dosis de comodidad mientras preparaba el primer café.

Pronto llegó el frío, los cristales de las enormes ventanas lloraban, siempre mojados. Caminábamos con rapidez para entrar en calor.

Concentrarse era tarea imposible, los dientes castañeaban y el cuerpo temblaba. Cuántas veces nos cerciorábamos del calor exterior bajando a la calle con la excusa de comprar cualquier cosa… Decidimos permanecer durante todo el invierno con los abrigos puestos.

Nadie nos dijo que el invierno no tendría fin.

Olvidé la forma de tu cuerpo pues no se dejaba intuir bajo los tres jerséis de lana y la chaqueta de piel. Qué decir de mis curvas, escondidas tras una especie de edredón oscuro del que jamás me separaba.

Las noches eran solamente para dormir.

Corríamos hasta tumbarnos bajo las mantas sin ganas de que nuestras manos gélidas intercambiasen caricias.

Nuestros sentimientos también se iban convirtiendo en nieve. Una capa blanca e impenetrable cubría sin avisarnos cada uno de los rincones de un corazón sin ganas.

A veces, los amigos, alguna sonrisa o la huella de una frase bella, vencían aquel viento incómodo.
¿Qué fue de las sorpresas? La única música existente, era el crujir de tus nudillos contemplando el reloj de pared a la espera de que avanzase la aguja de los segundos.

No había tiempo para leer.

El tiempo distorsionado se estiraba envolviéndonos en sopor con episodios de ira que hacían jirones el silencio para culparnos, uno a otro, de nuestro eterno aburrimiento.

El cómodo colchón había adquirido la huella de nuestros cuerpos. Las dos únicas tazas que permanecían sin romperse, reposaban junto al fregadero con nuestros labios tatuados. Los dedos de mis manos se acoplaban entre los tuyos fundiéndose sin distorsionar la sombra del ayer.

Habíamos vivido continuamente duplicando instantes, borrando la palabra “efímero” del diccionario.

Todo se tornó constante.

Y cómo huir de un lugar tan pequeño.
Dónde ir, cómo salir si también se había esfumado el deseo de abrir la puerta.

Literatura

Cristina Serrano

Escritora y librera

Un cuarto propio está liderado por Cristina Serrano: escritora, librera, “organizanta” y coordinadora de laboratorios de escritura.

Un pensamiento en “Lo que nos separa

  1. Ese invierno fue real y tuvo dos protagonistas reales.. –
    Pero ese cuento olvida que uno de ellos acepto las sarras del amor, durante una primavera ilusa, pensando que antes del invierno vendría algún otoño… y cuando se quiso dar cuenta resulta que vivía en un sofocante verano, el verano de una persona que no sabía más que crear inviernos e inventarse sombras.

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