Filosofía y psicoanálisis

Pequeña genealogía del psicoanálisis feminista

María Bilbao Maté Psicóloga Psicoterapeuta

El feminismo y el psicoanálisis son dos corrientes de pensamiento crítico que a pesar de las aparentes discrepancias tienen más en común de lo que parece. Ambas cuestionan los cimientos del orden social y han estado en constante dialéctica desde sus orígenes. En este artículo haremos un pequeño repaso sobre la historia de la alianza y el continuo alejamiento y acercamiento entre psicoanálisis y feminismo sin pretensión de ahondar profundamente en los postulados de cada teoría por razones de espacio.
El feminismo cuestiona al psicoanálisis su androcentrismo: la creación teórica a imagen y semejanza de su Maestro y a partir únicamente de realidades masculinas, siendo las mujeres un copia aderezada de éstos en las teorías freudianas. El psicoanálisis sería también un defensor del binarismo.
Su ahistoricismo: la transposición a lo universal de una realidad en un contexto sociocultural e histórico muy concreto como fue la Viena fin de siglo.
Su conservadurismo o perpetuación del status quo: habiendo nacido como un movimiento rompedor y emancipatorio, muchos psicoanalistas han perpetuado con sus prácticas normativas una realidad opresiva para toda aquella persona no nacida varón blanco de clase media.
El psicoanálisis considera al feminismo como un movimiento culturalista y en no pocas ocasiones ha patologizado las pretensiones emancipatorias de las mujeres.

Sin embargo el psicoanálisis y el feminismo a pesar de mantener una dialéctica tensa y compleja tienen algo  en común:
Cuestionamiento del conocimiento establecido que ha derivado en una conversión de paradigmas. Tanto feminismo como psiconálisis se constituyen como pensamientos influyentes sobre la percepción que el ser humano tiene de sí mismo.
La diferencia sexual como elemento central de sus investigaciones.
Ambos son  herederos del pensamiento ilustrado y críticos con sus pretensiones y promesas incumplidas.

El psicoanálisis ha estado fuertemente influido por el pensamiento feminista desde sus inicios, el movimiento sufragista de mujeres que además del voto luchaba por importantes mejoras en la vida de las mujeres en Europa y en EEUU, el feminismo socialista de Clara Zetkin o Alexandra Kollontai que liberó a muchas del yugo de la opresión sexual tuvieron su importancia en la Europa de principios del S.XX, o el Movimiento de mujeres burguesas preocupadas por la moral sexual. Desde luego se puede hallar una relación entre lo revolucionario de una teoría que estudia la diferencia sexual en un sociedad que oculta la sexualidad y el feminismo. Aunque es bien conocido el rechazo de Freud a las teorías de John Stuart Mill, no es demasiado decir que la sociedad ya estuviera abonada con el diverso pensamiento feminista de la época.

El feminismo así mismo comenzó a interesarse por el psicoanálisis sobre todo a partir de la segunda ola feminista norteamericana. El feminismo de segunda ola norteamericano de los años 70 y su especial acercamiento a Reich, estuvo representado por mujeres como Kate Millet, Sulamith Firestone en su ala mas radical o Betty Friedan en el ala mas académica. En esta etapa se puso muy en tela de juicio las teorías freudianas y se ejerció una fuerte crítica al psicoanálisis como ya hemos visto más arriba.

El psicoanálisis, como el pensamiento feminista, ha sufrido muchas ramificaciones, y es más, ramificaciones de las ramificaciones. Esto ha dado lugar también a distintas alianzas, siempre sujetas a una constante dialéctica, entre ambos. El psicoanálisis se dividió cuando llegó al Reino Unido creando la Escuela inglesa de psicoanálisis con representante como Melanie Klein o Donald Winnicott. Esta vertiente psicoanalítica posteriormete exportada a EEUU y evolucionada a la Escuela de la Relaciones Objetales influyó en una etapa temprana sobre una corriente de pensamiento feminista denominada Feminismo de la diferencia. Este feminismo bebió en parte de la teoría kleiniana de las dos líbidos, una líbido masculina y una femenina que esencializaría en cierto modo la feminidad. Uno de los postulados del feminismo de la diferencia es la revalorización de una esencia propia y de todos aquellos roles y valores asociados a la feminidad que han estado históricamente denostados.

Dentro de las filas psicoanalíticas también ha existido controversia tanto por las teorías freudianas sobre la diferencia sexual y la feminidad como por la representación de las mujeres entre los psicoanalíticas clásicos. Karen Horney fue quizá las más abiertamente disidente de las teorías sobre la feminidad. Horney mantuvo una abierta disputa con Freud sobre el concepto de envidia de pene,  considerado erroneo por la autora. Horney fue tachada de culturalista sin mayor relevancia, sin embargo ésta emigró a EEUU donde tuvo cierta influencia sobre futuras psicoanalistas que han ido desarrollando interesante teorías contemporaneas. Horney no fue la única psicoanalista mujer que investigó sobre la feminidad, hubo otras que rebatieron o secundaron las enseñanzas de Freud: Helen Deustch, Marie Bonaparte,  Lou Andreas Salomé, Sabina Spielrein, entre otras, y por supuesto Anna Freud quien mantuvo una conocida polémica con otra ilustre psicoanalista, Melanie Klein.

Lacan también ha servido de inspiración para toda una escuela de mujeres psicoanalistas. La teoría lacaniana supuso una promesa para el feminismo, una promesa de desbiologización del psicoanálisis. Sin embargo la crítica que muchas feministas han proferido ha sido precisamente la dificultad de desligar el falo cómo símbolo de la masculinidad, y de mover el foco de la identidad sexual.  En los años 90 en Europa, principalmente en Francia aunque ninguna de sus mas destacadas exponentes sean francesas, se da un repunte del feminismo filosófico muy influido por la teoría lacaniana representado por Luce Irigaray o Julia Kristeva.

En esta misma linea destacan algunas autoras como Juliet Mitchell, quien en 1974 escribrió un libro referente titulado “Feminismo y psicoanálisis” o Silvia Tubert, quienes aun admitiendo la crítica al psicoanálisis, han defendido el talante descriptivo del mismo contextualizado en una época opresiva para las mujeres en la que el psicoanálisis supuso un revulsivo social. La obra de la primera en los años 70 influyó notablemente y es citada en la de la segunda, Silvia Tubert, quien desarrollo su labor profesional en nuestro país y una prolífica obra donde profundiza muy detalladamente en la figura de Freud y en su análisis del estudio de la feminidad en el psicoanálisis, además de la controversia con el concepto de género o la maternidad. Tubert es definitivamente, junto con Dio Bleichmar, una de las teóricas más influyentes en psicoanálisis de habla hispana con perspectiva de género.

El feminismo posmoderno ha llevado a cabo una intensa revisión del psicoanálisis y del concepto de género. Autoras como Judith Butler han teorizado sobre el binarismo de género desde la lectura crítica de la teoría lacaniana.

El concepto de género también ha comenzado a utilizarse entre los y las psicoanalistas contemporáneos. Éste fue un término acuñado en los años 50 por John Money proveniente de la medicina y la genética rescatado por el psicoanalista Robert Stoller en 1963 en el 23º Congreso Psicoanalítico Internacional de Estocolmo y posteriormente en sus investigaciones. Aunque el concepto de género no se conocía como tal cuando Freud comenzó a hablar de diferencia sexual en sus teorías sobre la feminidad, si que advirtió que la feminidad y la masculinidad eran “construcciones teóricas de contenido incierto” [1] sentando las bases para el posterior desarrollo del género como construcción social.

Desde hace algún tiempo se ha puesto en tela de juicio la conveniencia del uso de este término. Algunas autoras consideran que se ha vaciado de contenido la palabra género al utilizarla como sustituto de “sexo” simplificando una construcción social compleja, o como eufemismo de “mujeres” diluyendo la fuerza política de la categoría “mujeres”. En términos más psicoanalíticos Silvia Tubert consideró poco oportuna la terminología “género” por desplazar el foco del objeto de estudio: la diferencia sexual y asimilando el binarismo existente al reproducir el binomio sexo-género. Sin embargo muchas otras psicoanalistas han empleado el término “género” para hablar tal vez, de una manera que levantase menos resistencias dentro de la propia disciplina, de mujeres y de feminismo y para aludir al contenido social de la construcción de la feminidad y la masculinidad.

En el momento actual son muchas las mujeres psicoanalistas que han desarrollado sus teorías con reconocimiento desde distintas escuelas, aunque todas ellas tienen en común el trabajo al margen de las corrientes hegemónicas del psicoanálisis. Desde la escuela de las relaciones objetales en EEUU desde los años 70 hasta el momento actual han destacado muchas referentes como por ejemplo:  Nancy Chodorow quien realizó una crítica al rol maternal convencional como forma de sumisión femenina, Carol Guilligan quien investigó sobre el desarrollo de la moral femenina y  Jean Baker Miller quien desarrolló sus teorías en el seno del Instituto Stone Center que actualmente continúa con sus investigciones en materia de psicoterapia relacional. De esta escuela han emergido también autoras como Judith Jordan o Diane Ellis.

Muy cercanas a estas teóricas, posiblemente como una consecuencia directa de su legado pionero, se encuentra el psicoanálisis intersubjetivo relacional en el que se enmarcan autoras como Jessica Benjamin, Emilce Dio Bleichmar, Nora Levinton entre otras. Jessica Benjamin es autora del libro “The bonds of love: psychoanalisys, feminism and the problems of domination” (1988) donde aúna la crítica a la obra de Freud, la teoría feminista y los estudios sobre primera infancia. Benjamin reconoce la influencia de psicólogos como Daniel Stern, Winnicott, feministas como Simone de Beauvoir y el pensamiento Hegelliano, su libro sienta las bases para un marco conceptual del psicoanálisis relacional.

Emilce Dio Bleichmar destaca como una figura fundamental en el estudio de la sexualidad femenina y el género que ha venido desarrollando su extensa obra y su práctica clínica en distintos países de América tanto como en nuestro país.  La obra de Dio Bleichmar es un referente para distintas generaciones de psicoanalistas feministas entre las que se encuentran Nora Levinton, Concepció Garriga o Mª Dolores Benjumea. En su obra, enmarcada principalmente en la corriente relacional del psicoanálisis,  Dio Bleichmar aborda la diferencia sexual, aspectos psicopatológicos diferenciales, la violencia de género, la construcción de género, realiza una finísima crítica al androcentrismo psicoanalítico y aplica con rigor la perspectiva  de género. El pensamiento de Emilce Dio Bleichmar no solamente ha influido en autoras de este lado del charco, sino que existe toda una generación de psicoanalistas feministas latinoamericanas en cuya prolífica obra se puede observar una relación directa con Dio Bleichmar, Chodorow o Benjamin como Mabel Burín, Irene Maler, Pilar Errázuriz, Debora Tajer, etc

Son actualmente muy numerosas las mujeres psicoanalistas, esta es únicamente una pequeña selección,  que han conseguido aunar feminismo y psicoanálisis en sus obras y en su práctica clínica, la gran mayoría fuera de nuestras fronteras como dato a reflexionar. Afortunadamente también se ha ido explorando la diferencia sexual desde una perspectiva diversa y LGTBI en el psicoanálisis. El psicoanálisis no es impermeable al cambio social, debe asumir todas las realidades que están alejadas del dogma si quiere recuperar su propósito agitador, debe dar cabida a miradas y subjetividades que han pertenecido a la subalternidad para dejar de ser una institución cómplice de la opresión y convertirse -de nuevo o por fin- en una herramienta de subversión.


Benjamin, Jessica (1996), Los lazos del amor: Psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación. Paidós. Buenos Aires.
Butler, Judith (1990) El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós. Barcelona
Chodorow, Nancy (1991) Freud y las mujeres. En Neu Jerome (Comp.) Guia de Freud (pg 269.296) Cambridge University Press.
Chodorow, Nancy (1984) El ejercicio de la maternidad. Gedisa. Barcelona
Deutsch, Helen (1952). La psicología de la mujer. Losada. Buenos Aires.
Dio Bleichmar,  Emilce (1981) El feminismo espontaneo de la histeria. Estudios de los trastornos narcisitas de la feminidad. Siglo Veintiuno de España Editores. Barcelona.
Dio Bleichmar, Emilce (1997) La sexualidad femenina: de la niña a la mujer. Paidós. Barcelona
Dio Bleichmar, Emilce(2015). La suerte de una conciencia precoz. Aperturas.org, [online] (051). Available at: http://www.aperturas.org/articulos.php?id=915&a=La-suerte-de-una-conciencia-precoz [Accessed 22 Apr. 2017].
Flax, Jane (1990) Psicoanálisis y feminismo. Pensamientos fragmentarios. Ed. Catedra Col. Feminismos. Madrid
Horney, Karen (1982) Psicología de la mujer. Alianza Editorial. Madrid
Levinton, Nora (2000). El SuperYó femenino:: la moral en las mujeres. Biblioteca Nueva. Madrid.
Mitchell, Juliet (1982) Psicoanalisis y feminismo. Anagrama. Barcelona
Stoller, Robert  (1968) Sex and Gender: the development of masulinity and feminity. Karnack books (edicion 1994)
Tubert, Silvia (2003) Del Sexo al Género, los equivocos de un concepto. Catedra ediciones. Madrid
Vegetti, Silvia ( 1992) Psicoanálisis en femenino. Editorial Sintesis. Madrid


[1] Freud, Sigmund (1990) “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica” en Obras Completas. Vol XIX El yo y el Ello y otras obras (1923-1925).  Buenos Aires. Amorrortu Editorial.

Filosofía y psicoanálisis

Imagen: La bondad del gesto repetido, Natalia Auffray García.

María Bilbao Maté

Licenciada en la Universidad de Deusto (Bizkaia). Master en terapia individual y grupal en la Universidad Pontificia de Comillas y Especialista en Clínica y Psicoterapia Psicoanalitica del niño y su familia de la misma Universidad. Doctoranda en el programa de Estudios Feministas y de género en la Universidad Complutense de Madrid.

Utilizo enfoque de género en mi trabajo como psicoterapeuta porque considero que la experiencia y la subjetividad de cada persona está mediada por el género y por otros factores culturales y sociales fundamentales, y porque pienso que el psicoanálisis se fundó con intenciones subversivas que unicamente teniendo en cuenta estas subjetividades pueden realizarse.

Si quieres conocer algo más sobre mí y mi actividad profesional puedes visitar mi página www.mariabilbaopsicologia.com.

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