Arte y cultura

¿Por qué el amor solo es amor y no otras cosas?

Nieves Salobral Martín Doctoranda de Filosofía en UCM

El conflicto sexual fundamental es el amor,

dado y recibido libremente.”

(Jónasdóttir, 1993:259)

Los sueños de éxito social para muchas mujeres pasan en algún momento de su vida, todavía hoy, por el cumplimiento de un escenario de felicidad: un amor que puede culminar en la pareja o el matrimonio. El mismo que aparece en los cuentos, novelas o películas románticas desde hace dos siglos: Jane Eyre (1847), Lo que el viento se llevó (1939), La bella durmiente de Walt Disney (1959), Love story (1970), Pretty woman (1990), etc. En las últimas décadas también otras generaciones infantiles o adolescentes tienen sus propios relatos amorosos románticos como Violetta (2012-2015) de Disney Channel, la saga Crepúsculo (2008-2010), o 50 sombras de Grey (2015). En todas estas producciones ese amor verdadero feliz es heterosexual, además propone a las protagonistas que estén dispuestas a dejar a un lado sus inquietudes y su autonomía. Esa autonomía que no es autosuficiencia sino aquella que le puede ofrecer una red propia como la familiar o las amistades, para dedicar plenamente su existencia a un varón.

Hoy, todavía, este modelo amoroso procura para muchas mujeres jóvenes un significado especial, que las mueve a cumplir con el logro de una relación de pareja. En muchos grupos sociales populares este amor en las mujeres transciende cualquier otro imaginario, puesto que implica responder al mandato cultural o a la necesidad de salir de la familia de origen a través del matrimonio por motivos económicos, de precariedad o de violencia. De manera más explícita o más soterrada está este imaginario femenino de felicidad en todos los grupos sociales; a veces se pone marcha a edades tempranas o con edades más maduras, pero en algún momento se inscribe en los cuerpos feminizados. Sobre los varones encontramos también esa misma interpelación social, pero menos estricta, y con posterioridad a que ellos se hayan procurado una profesión o un modo de subsistencia.

El análisis crítico sobre pensamiento amoroso se realizado también desde feminismo a través de diferentes disciplinas, por ejemplo, desde la antropología se analiza de la siguiente manera:

Un tipo de ideología cultural, el romanticismo, que aunque ha adoptado formas diferentes dependiendo de ámbitos científicos y artísticos, y contextos sociales y culturales, tiende aquí y ahora a enfatizar el amor por delante de otras facetas humanas y subrayar el amor-pasión frente al resto; que incita a la búsqueda de la trascendencia, incluso de la felicidad, a través del amor, y se convierte así en la modernidad en un sustituto de la religión; […]. (Esteban, 2011:44)

Efectivamente, tal y como describe Mari Luz Esteban ese pensamiento romántico exige algo más que amor, va más allá de que la relación culmine en la formación de una pareja y que, además, sea obligatoriamente una relación heterosexual. El logro de la felicidad amorosa constituye el elemento fundamental de esta ideología, que la coloca por encima de cualquier otra actividad o relación afectiva como la de amistad entre mujeres. Y puesto que creemos que ese amor verdadero nos dará la felicidad prometida, convertimos su búsqueda en una cuestión de fe, bajo la idea de que ese amor que nos corresponde aparecerá a la vuelta de cualquier esquina.

El estudio de las emociones desde la psicología también nos ha abierto un abanico de análisis con diferentes vertientes científicas. Gran parte del feminismo se adscribe a las teorías que circunscriben las emociones a contextos sociales e históricos particulares, cuyas investigaciones han evidenciado diferentes discursos emocionales en la historia, por tanto, abogan por una historización de las emociones. Estas teorías mantienen que los discursos y las subjetividades amorosas se sitúan en contextos sociales e históricos particulares, presentando diferencias y cambios entre una época u otra. En concreto, lo que viene a decir es que nuestras emociones interaccionan con el pensamiento amoroso que nos interpela en un momento histórico u otro.

En la filosofía también debemos iniciar una crítica con enfoque feminista sobre este pensamiento amoroso romántico, que resulta ser un modelo de individualidad patriarcal para armar la autosuficiencia tan cacareada por el neoliberalismo. Dicho con otras palabras, este pensamiento amoroso romántico niega la interdependencia humana, ocultando en las relaciones de pareja o el matrimonio sus evidencias a través de la conformación de un proyecto de vida moral individualista y de autoabastecimiento económico para toda la vida.

  1. El amor es diverso y ha tenido sus preferencias heteronormativas

A partir de este apartado inicio un breve análisis, con enfoque feminista, del amor en la filosofía a través de varios discursos: de la antigüedad clásica analizo algunos conceptos de El Banquete, a continuación los elementos que introduce el amor cortés, posteriormente el amor en Rousseau y para finalizar, a modo de conclusión, las derivas el amor en la actualidad neoliberal y sus resistencias.

1.2. Los amores griegos

Si comenzamos por la antigüedad clásica nos encontramos que el amor homosexual entre varones y la amistad masculina destacó un lugar privilegiado en Grecia. Platón observaba en el Banquete una amplia diversidad de discursos sobre la naturaleza de Eros en el que abundan las referencias amorosas homosexuales. Este filósofo narra el pensamiento amoroso en su época, y el suyo propio, a través de los discursos que profirieron varios invitados a un banquete en casa de Agatón. Al famoso banquete acuden célebres varones de la época: Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes, Sócrates y Alcibíades y el mismo Agatón. La única mujer que aparece en el relato no está presente físicamente, Sócrates se convierte en el transmisor de su sabia opinión sobre el amor heterosexual. Independientemente de que unos invitados muestren una naturaleza u otra del amor, en lo que todos los varones están de acuerdo es que el amor aparece entre varones, excepto Diotima. Como ya avanzaba en otro artículo anterior en esta misma revista (https://coencuentros.es/la-vida-amorosa-la-subjetividad-feminizada), esta sabia sitúa los orígenes del amor en la fiesta del nacimiento de Afrodita. La concepción de Eros se lleva a cabo por la voluntad de una mujer, Penía(pobreza) que copula con un dios ebrio en esos momentos: Poros(rico, sabio en recursos y amante de la belleza). Por tanto, la naturaleza del Eros heterosexual, es pobre y dura como su madre necesitada, que ha buscado el amor en un Porosebrio y deseoso de poseer belleza. El amor heterosexual ya se establece aquí bajo la premisa de unión entre la necesidad femenina y el deseo masculino.

Otra relación amorosa que quiero destacar en el Banquete es la amistad, muy relevante en la época greco-romana, por supuesto, entre hombres no entre mujeres, aunque, por otro lado, parece ser que es el único texto de la época que menciona las relaciones lésbicas. En Grecia la amistad implicaba obligaciones económicas y sociales, motivo por el que el texto trata la relación de subversiva, cuando además describe el rechazo de las amistades sólidas en los gobiernos tiránicos de los bárbaros (Platón, 2014:182c). En esta descripción de la amistad hay una visibilización de la interdependencia humana en la medida en que reconoce lazos de protección, apoyo e incluso de resistencia entre amigos frente a la tiranía.

1.3 La exaltación de la heterosexualidad en el amor cortés

Más tarde, en otro momento histórico regido por el cristianismo, la Edad Media, el amor heterosexual pasa a ser el centro motor en la vida de los caballeros medievales. El amor cortés, como se le ha denominado, se presenta bajo la idealización y exaltación de la belleza de una dama. Este amor establecía un vínculo de vasallaje, entre cuyas obligaciones no se encontraba, en principio, la práctica sexual sino un código de servidumbre y de protección a la dama. Contrariamente a esta idea, Simone de Beauvoir afirma que estos mitos esconden las relaciones de adulterio de las señoras feudales, en concreto dice que: “[…] Chrétien de Troyes, sin duda para complacer a su protectora, borra el adulterio de sus obras: no pinta más amores culpables que los de Lancelot y Ginebra.” (Beauvoir, 2000:167). Lo cierto es que las damas nobles no se casaban por voluntad propia sino por motivos político-familiares y, en muchos casos, los esposos feudales de la época eran auténticos tiranos embrutecidos. Parece ser el motivo por el que dichas damas buscaban un amante, para compensar la barbarie de sus relaciones matrimoniales.

Independientemente de que hubiera o no relación carnal, lo cierto es que el final de estos amores no era precisamente feliz, ni acaba en matrimonio, sino más bien en tragedia y muerte como, por ejemplo, en las leyendas irlandesas de Tristán e Isolda, o Lancelot y Ginebra. El amor en todas ellas es un elemento trágico que lleva a la muerte de los amantes o la muerte en vida de las mujeres, como Ginebra recluida en un convento. Asimismo supone también una serie de dramáticas consecuencias en su contexto social, como la guerra que inicia Arturo contra Lancelot y sus familiares.

Todas estas tragedias están marcadas por la aparición de un elemento problemático, como es el adulterio en las relaciones heterosexuales de las sociedades feudales cristianas. En ellas el honor estaba atravesado por una religiosidad “criptoerótica” o ascética donde se establecían “exigencias de responsabilidad” (Weber, 1997:410). La unión heterosexual por amor en el cristianismo queda de esta manera inmersa en la muerte, con el fin de buscar un corolario moralizante: la desaparición de las prácticas adulteras en sus sociedades. Por otro lado, las relaciones entre varones se describen en un contexto de competencia y rivalidad, las de amistad han desaparecido como tales, puesto que la mesa redonda de Camelot no reúne a amigos precisamente sino un gobierno.

1.4  Y el matrimonio romántico se hizo la estrella amorosa de la modernidad

Unos siglos más tarde, en el siglo XVIII, Rousseau vendrá a consagrar el amor heterosexual a través del matrimonio bajo una concepción naturalizada de las relaciones sexuales, es decir, fundamentada en la reproducción biológica, el papel de las mujeres en la maternidad y los cuidados. De nuevo la fidelidad es la piedra angular de la relación, pero se apuntalará con un matrimonio basado en una voluntad de los amantes, no de conveniencia familiar como en la Edad Media.

La obra fundamental que conforma este discurso es Emilio o de la Educación (1762). En concreto, en el capítulo V titulado Sofía desarrolla su teoría amorosa fundamentada en un orden natural que va acompañado de un nuevo orden político-sexual, o “contrato sexual”, como lo denominó Carol Pateman. La fundamentación de dicho orden es que las mujeres y los hombres son diferentes, dado que ellas están apegadas a las exigencias biológicas de la reproducción, mientras que ellos interaccionan a través de una razón cultural desvinculada de la naturaleza. Partiendo de esta premisa, Rousseau tiene claro que la necesidad derivada de la naturaleza no se basa en el amor, pero lo asume sin problemas, así lo afirma: “Convengo en que no es ésta la ley del amor, pero es la de la naturaleza, anterior al amor mismo.” (Rousseau, 2005:535).

En esta afirmación del autor aparece el hilo argumental de Diotima: la necesidad de la naturaleza marca la parte femenina de la legitimidad de un vínculo para que el objeto del amor sea correcto o adecuado. Por este motivo, la unión amorosa se tiene que adecuar al objeto de la naturaleza, que significa que un varón ciudadano, digno de tal, debe decidirse por el matrimonio con la mujer adecuada, es decir, elegir a aquella que haya sido educada para los fines de la reproducción y los cuidados, tal y como describe a continuación:

Sofía se hace dar un delantal de la buena mujer y la acomoda en su maca; hace luego otro tanto con el hombre; su mano suave y ligera sabe ir a buscar lo que les daña y a colocar mejor sus miembros doloridos. (Rousseau, 2005:661)

El amor de la amistad o el homosexual no existen para Rousseau porque las relaciones entre los iguales, que son los varones, se han recolocado bajo un nuevo “contrato social” con el fin de regular los intereses económicos de los mismos a través de derechos y obligaciones. Los iguales interaccionan con los intereses individuales en el centro, los diferentes se casan  bajo las prescripciones de una matriz heteronormativa, que orienta a varones y mujeres, hacia diferentes y desiguales fines, con el objeto de conformar una unión económica perfecta. Dicha matriz exige que se conformen dos subjetividades opuestas y capaces de complementarse, lo que para los varones significa situar el amor de su esposa en un segundo plano, tal y como plantea a continuación:

[…] Emilio se acerca a su ama, alza la voz y le dice con más firmeza de la que yo habría esperado: Sofía, sois el árbitro de mi destino, lo sabéis de sobra. Podéis hacerme morir de dolor, pero no esperéis hacerme olvidar los derechos de la humanidad: son más sagrados para mí que los vuestros, nunca renunciaré a ellos por vos. (Rousseau, 2005:661)

Mientras que para las mujeres, la subjetividad feminizada, significa una vida abnegada en los cuidados de la masculinidad para mantener el honor de la familia. Así lo describe el autor a continuación del anterior párrafo:

En lugar de responder a estas palabras, Sofía se levanta, le pasa un brazo alrededor del cuello, le da un beso en la mejilla; luego, tendiéndole la mano con gracia inimitable, le dice: Emilio, coge esta mano, es tuya. Sé cuando quieras mi esposo y mi dueño. Yo trataré de merecer ese honor. (Rousseau, 2005:661)

El papel de esposa cuidadora y madre sacrificada que instaura Rousseau en la modernidad, siguiendo el modelo cristiano de la Virgen María, quedará solidificado en el siglo XIX para las mujeres blancas y burguesas, pero solo para ellas, tal y como se describe a continuación:

La exaltación ideológica de la maternidad –a pesar de la gran popularidad de la que gozó durante el siglo XIX- no se extendió a las esclavas. De hecho, a los ojos de sus propietarios, ellas no eran madres en absoluto, sino, simplemente, instrumentos para garantizar el crecimiento de la fuerza de trabajo esclava. (Davis, 2004:15)

Por tanto, el racismo económico organiza una maternidad blanca y burguesa naturalizada que tiene derecho al amor en términos de exclusividad, fidelidad, plena dedicación a la reproducción de vástagos legítimos y cuidados gratuitos. Y por otro lado, distingue una maternidad negra y esclava, no naturalizada porque dispensa a la masculinidad burguesa la reproducción gratuita de mano de obra, la satisfacción sexual y una sobre explotación laboral en el campo. En conclusión ambas maternidades están sujetas a su designación como objeto reproductor y de cuidados.

1.3. El amor neoliberal versus el amor sin complementos

El periplo de aquel concepto de amor de Diotima, que ha transitado por la exaltación del amor cortés heterosexual y la institucionalización del matrimonio heteronormativo con Rousseau, ha llevado sus reflujos a la actualidad. Y llegó a pesar de que una filósofa contemporánea del pensador suizo, Olympe de Gouges, manifestará de la siguiente manera que ese matrimonio ente un sujeto soberano y un objeto de amor era lo contrario al amor: “Le mariage est le tombeau de la confiance et de l’amour”[1](Gouges, 1791:4). Esa tumba amorosa que clausura a las mujeres cuando son tratadas como ciudadanas de segunda, es decir, objeto reproductor en propiedad y de cuidados.

Básicamente los elementos de este pensamiento amoroso, restringido a la matriz heteronormativa, subyacen en el discurso romántico de las producciones culturales occidentales que al principio mencionaba. En la actualidad, lejos de establecer el amor como una afección posible y diversa, se ha convertido en un fin subjetivo donde se valora solamente el amor en la medida en que es solvente. Es decir, un amor capaz de crear una unidad autosuficiente que oculte la interdependencia humana a través de la unión e una feminidad objetualizada y una masculinidad que al mismo tiempo desea y rechaza lo femenino, como se afirma a continuación: “En efecto, el deseo de lo femenino está marcado por el repudio: el hombre desea a la mujer que nunca querría ser. Ni muerto querría ser ella: por consiguiente la desea.” (Butler, 2011:152). De hecho, los amores situados fuera de los discursos estrechos de la heteronormatividad posibilitan la demarcación de un conflicto socio-económico.

El enfoque feminista en la filosofía ha puesto en evidencia ese conflicto, desvelando el mecanismo de control subjetivo que conformó el amor rousseauniano, por el que ahora los amantes se embarcan en un camino de consumo para cumplir con ese ideal amoroso (familia, casa en propiedad, coche, etc.). Y en la medida que este pensamiento amoroso se inscribe a ritmo del deseo subjetivo masculinizado y feminizado, cualquier objeto logrado, incluso y precisamente su objeto de amor, nunca es suficiente para satisfacer la apertura infinita del deseo.

Las  experiencias de resistencia amorosa, incluso dentro de la norma heterosexual, surgen entre amantes o amistades que han escapado de una feminidad objetualizada situada en la necesidad, así como de esa virilidad individualizada y soberana deseosa. Entre la necesidad y el deseo, el amor sin más complementos puede abrir un lugar problemático con el orden patriarcal y neoliberal, porque no busca intercambios consumistas sino la afirmación de que quienes aman. Es tiempo de amantes o amistades que desde la práctica de la libertad afirmen el reconocimiento mutuo entre sujetos y una distribución equitativa de los cuidados.


Referencias bibliográficas

Beauvoir, Simone (2000): El segundo sexo, Vol I, Madrid: Cátedra.

Butler, Judith (2011): Mecanismos psíquicos del poder. Madrid: Cátedra.

Davis, Angela Y. (2004): Mujeres, raza y clase. Madrid: Ediciones Akal.

De Gouges, Olympe (1791): Declaration des Droits de la Femme et de la Citoyenne, disponible en: http://www.siefar.org/wp-content/uploads/2015/09/Gouges-D%C3%A9claration.pdf

Esteban, Mari Luz (2011): Crítica del pensamiento amoroso. Barcelona: Bellaterra.

Jónasdottir, Anna G. (1993): El poder del amor. ¿Le importa el sexo a la democracia? Madrid: Cátedra Feminismos.

Pateman, Carol (1995): El contrato sexual, México: Anthropos-UAM

Platón (2014): El banquete. Madrid: Editorial Gredos.

Rousseau, Jean Jacques (2005): Emilio o de la Educación. Madrid: Editorial Alianza

WEBER, Max (1997): Sociología de la religión. Madrid: ediciones Istmo.

[1]Traducción propia: “El matrimonio es la tumba de la confianza y del amor”

Arte y cultura

Obra de Winona Chico

Creando Creatividad

Nieves Salobral Martín

Educadora Social y Licenciada en Filosofía. Doctoranda de Filosofía en UCM. Especialista en feminismos y género y en los últimos años, dedicada al amor romántico en relación con la economía feminista.

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