Literatura

T.O.P. (trans, ocupa, puta)

Espacios fronterizos sin salir de casa

Celeste González Artista

«Disforia de género»

Así me diagnostican el 20 de noviembre del año 2012, después de que el psicólogo clínico reconoce en mí una historia de transexualidad atípica. Me presento como tal a los 49 años después de haber vivido una vida construida como varón gay. 

«No aprecio rasgos de trastorno mental»

«No está muy seguro de hasta dónde quiera llegar, todo esto es un poco nuevo para él/ella.»

«En mi opinión el paciente está en condiciones de iniciar tratamiento hormonal feminizante»

(fragmentos del informe psicológico).

Me presento ante el psicólogo como disidente de género y salgo aceptando estar enferma, lo que quiero es pasar la frontera.

20/12/2012 (fecha llena de 2, paradójicamente).

Visito al endocrino que lee el informe psicológico que llevo conmigo, le comunico que no quiero perder mi función sexual masculina (sorpresa) con lo que anula los antiandrógenos y me receta  2 mgrs de estradiol (hormona sexual femenina) por día, dosis mínima.

El protocolo estándar es de 6 mgrs de estradiol + dos androcur (inhibidores de la testosterona) diarios.

-¿Fumas?

– No

-¿Bebes alcohol?

– No

– Entonces adelante.

A la mañana siguiente cruzo la valla y tomo la primera dosis.

Por aquel entonces me entero de que en mi edificio hay varios pisos vacíos.

Yo casi no tengo recursos para pagar los 450€ mensuales que me cobran por vivir en el ático.

Alguno de ellos, aunque aparentemente abandonados, están controlados por los dueños que cumplen sus obligaciones comunitarias.

Pero hay uno que no.

El 5 Izquierda.

La dueña fallece y la heredera, su única hija, vive en Francia internada en un psiquiátrico. 

Convertida en refugiada inmobiliaria inicio la huida tres pisos más abajo.

Otra vez busco la complicidad de las autoridades, en este caso la agencia que administra la finca, y me ofrezco a cancelar la deuda de la francesa (desaparecida hace 9 años) pagando la comunidad y derramas posibles relacionadas con el edificio.

Así mismo me hago con un contrato falso de alquiler en precario y llamo al cerrajero.

Aquel contrato era el pasaporte a mi nuevo territorio.

Vivir en un espacio ocupado, fronterizo y límite provoca una calma tensa de quién sabe que en cualquier momento puede ser descubierto sorprendido y expulsado.

La letra P de T.O.P. es la responsable, en aquel momento, de que yo no quiera perder mi capacidad sexual masculina.

La ingesta de hormonas, mi adicción al sexo (siendo varón), la dificultad para pagar el alquiler del ático (pasaron meses desde el comienzo de la hormonación hasta que bajé al 5 Izquierda) y la fantasía que supone juntar placer y dinero, me llevaron a poner un anuncio en una conocida página de contactos:

«Celeste, travesti canaria, ACT/PAS, piso privado, máxima discreción, masajista, porque hay quien busca algo diferente.»

La camilla donde se tumban los clientes-pacientes es herencia de mi madre, esteticista de profesión ya jubilada.

La camilla, en mi caso, es el espacio fronterizo que separa contención de lujuria. 

Esa camilla se convierte en mi frontera personal y yo en el agente fronterizo.

Manejo los tiempos, dirijo el momento en el que traspasar los límites, a veces acepto sobornos y otras me dejo llevar.

Termino de escribir esto el lunes 4 de diciembre.

Anoche me entero que entre hoy y mañana vendrá la policía a casa. Hay alguien que tiene poderes de la dueña para vender el piso y sabe que hay «un visitante» inesperado (visite surprise d’un inconnu dans l’appartement)

Han denunciado. 

La idea es echarme y cambiar la cerradura…

A la mañana siguiente inicio la huida, impulsada por la necesidad de avanzar en el proceso.

Llamo al banco donde hace meses me ofrecieron un préstamo (sin yo pedirlo) al ir a cambiar mi nombre y sexo en la cuenta bancaria.

Espero un poco hasta que me pasan con el director:

– Estoy preparada para afrontar el préstamo.

– ¡¡¡Perfecto!!! Vente el viernes que viene y terminamos de arreglarlo.

Acto seguido marco el 928 40 15 00:

– Buenos días, soy Celeste, ya tengo la financiación.

– Déjame ver, Celeste… ¡¡sí!!! Te reservo quirófano para el 1 de febrero.

 

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