Cine

¿Y Si…? (Pinceladas sobre cine distópico)

Elena Iniesta Gª-Mohedano Observadora vital

Al realizar una película distópica o adaptar un libro de este género, el elemento visual del cine nos aporta un fuerte componente que hace que estas historias sean absolutamente atractivas, haciéndolas tangibles, reales, verosímiles para la mayoría de los espectadores que las observan boquiabiertos.

¿Se puede analizar la diferencia entre una película de ciencia ficción y una distópica? ¿Cómo reconocer cada género? Pongamos un ejemplo: “Star Trek”. Películas y series que han hecho disfrutar a generaciones y que incluso se han conseguido adaptar al paso de los años llegándose a hacer nuevas adaptaciones con más o menos fortuna. Todos tenemos claro que es una película de ciencia ficción. ¿Por qué? Porque introduce demasiados elementos “poco realizables” en la actualidad. Nos gusta verlos pero sabemos que “eso” no llegará o está demasiado lejos como para que nos concierna. Y a partir de ahí, podemos fantasear con todo lo que queramos. NO es un peligro. Y puede que aquí estemos metiendo ya el elemento diferenciador con la distopía. El elemento “¿qué pasaría si…?” puede que sea el más importante en las distopías. Jugar con una realidad paralela que nos da miedo a la vez que nos causa curiosidad. Desmond Morris teorizó acerca de la neofilia y la neofobia como elementos indispensables a la hora de explorar:

“En todo comportamiento exploratorio, sea artístico o científico, se desarrolla el eterno combate entre los impulsos neofílico y neofóbico. El primero nos empuja a nuevas experiencias; nos hace buscar afanosamente la novedad. El segundo nos retiene, hace que nos refugiemos en lo conocido. Nos hallamos constantemente en un estado de equilibrio inestable entre las atracciones opuestas del nuevo estímulo excitante y del antiguo y familiar. Si perdemos nuestra neofília, nos quedaremos estancados. Si perdemos nuestra neofobia, correremos hacia el desastre. Este estado de conflicto explica no sólo las más visibles fluctuaciones de las modas y caprichos, del tocado y del vestido, de los muebles y de los coches, sino que constituye también la misma base de nuestro progreso cultural. Exploramos y nos atrincheramos; investigamos y nos estabilizamos. Paso a paso, aumentamos el conocimiento y la comprensión, tanto de nosotros mismos como del complejo medio en el que vivimos”

Desmond Morris “El mono desnudo”

Puede que sea esa dicotomía la que nos haga sentirnos interesados en imaginar una realidad o futuro paralelos en el que poder fantasear con algo que no nos es tan ajeno. Una especie de simulacro en el que tener todas las variables encima del tablero, pero que a su vez tenemos en mente que esas realidades paralelas no son más que eso, fantasías.

El ejemplo más claro de distopía lo tenemos en la célebre novela de Philip K. Dick “El hombre en el castillo”, recientemente adaptada como serie de televisión. Aquí la trama transcurre quince años después de la Segunda Guerra Mundial, y nos plantea un panorama en el que Alemania, Italia, Japón y sus aliados han salido vencedores y, por ejemplo, se reparten el territorio de Estados Unidos en tres partes. Y es aquí donde esta distopía nos genera inquietud; el pensar en una realidad paralela en la que el tablero de juego es distinto al que conocemos nos genera miedo-curiosidad. Sabemos que esto “no va a ser”, pero… ¿y si hubiera pasado? Se va a plantear un futuro basándose en un pasado que lógicamente no se puede modificar ya. Neofobia y neofilia al servicio de un hecho histórico que nos causa asombro, miedo, terror, curiosidad…

Un hecho también muy curioso y que podemos disfrutar gracias a las beldades del cine es el de contemplar una película distópica realizada hace varias décadas y poder comparar cuáles eran los miedos de entonces y cómo ha ido evolucionando la realidad respecto a ese tema. Vamos a ver aquí cómo trataron en los años 70 dos películas un tema de rabiosa actualidad hoy en día, pero que ya entonces causaba miedo y curiosidad: la superpoblación y el problema de la alimentación mundial. Ya desde los postulados de Malthus a principios del siglo XIX, estas ideas empiezan a convertirse en temas concernientes al ser humano. La afirmación de que la población aumenta geométricamente y los alimentos de manera aritmética es una proposición que ha influido en las teorías demográficas, económicas y biológicas posteriores. Las ideas más importantes de Malthus son:

  • La población está limitada necesariamente por los medios de subsistencia.
  • La población crece invariablemente siempre que crezcan los medios de subsistencia, a menos que lo impidan obstáculos poderosos y manifiestos.
  • La fuerza superior de crecimiento de la población no puede ser frenada sin producir miseria.

Hay varios puntos interesantes en estas películas ya que el cine distópico también tiene una fuerte carga de crítica. Además de “fantasear” acerca de otras variable , de los “if”, el cine distópico es un pequeño “tirón de orejas” a la sociedad, un modo educativo de decir: si seguimos haciendo esto o lo otro, podemos terminar así. Ojo. ¿Es casualidad que se haya recuperado “El hombre en el castillo” con el resurgimiento en los últimos años de partidos de ideologías extremas a la par que el mapa de potencias mundiales va cambiando? Pero vayamos a las películas.

”Soylent Green” de 1973 y “La fuga de Logan” de 1976 son dos producciones que trataron estos temas con tres años de diferencia, y que resulta absolutamente atrayente visualizarlas ahora. “Soylent Green” está ambientada en el año 2022, estando la ciudad de Nueva York habitada por 40 millones de personas, constituyendo un enjambre humano donde el hacinamiento y la pobreza son el medio en el que conviven la mayoría, mientras un pequeño grupo de personas viven en el lujo y la abundancia. La única alimentación para esta mayoría es un producto llamado “Soylent Green”, hecho a base de plancton. El protagonista, Robert Thorn, es un policía que convive con Sol, un hombre que ha conocido y que recuerda la vida tal y como era antes, antes de que un desastre ecológico llevara a la superpoblación, a la falta de alimento y a la gran diferencia existente entre ricos (grupo minoritario y controlador) y pobres (grupo mayoritario y a expensas de los ricos). La empresa Soylent es la productora del único alimento disponible, llamado «alimento único», convertido en esta película en el maná bíblico. Gracias a la investigación del asesinato de uno de los accionistas de “Soylent”, Robert empieza a tirar del hilo y darse cuenta de la realidad que hay detrás de todo lo que conoce.

Ya desde el principio tenemos la dicotomía entre los dos personajes principales: Robert y Sol. Robert es un hombre que se ha criado en esa sociedad, no ha visto nada más. Representa los peores valores y vicios de esa sociedad. Esa falta de escrúpulos es la que ha llevado a esa sociedad a ese estado y se representa en el momento en el que Robert sustrae alimentos de la casa del recién fallecido. La falta de sensibilidad y de conciencia colectiva. Y puede que esa idea sobrevuele durante toda la película: no hay conciencia colectiva. No hay sensibilidad. La gente con dinero puede comprar casa con acompañantes dentro, con prostitutas, a las que se cataloga de “mobiliario”. La vida no tiene valor. Pérdida absoluta de referentes. Progresiva desaparición de la clase media para que la diferencia rico-pobre sea mayor. ¿Hablo de la película o de la actualidad? Ustedes juzguen. Ejemplo de esto es la conversación que mantiene Robert al entrar en casa del fallecido para investigar su muerte:

-¿Profesión? – pregunta Robert.

-Rico.

-¿Rico? ¿de qué?- vuelve a preguntar.

Este tipo de preguntas trae a la mente muchas imágenes, pero puede que las más recientes sean las de las protestas obreras en París el pasado diciembre, cuando los escaparates de las tiendas de lujo se vieron destrozados.

Sol, sin embargo, representa al hombre anclado en el pasado porque “ha visto”. Puede comparar. Robert le termina sus frases recurrentes porque ya las ha escuchado demasiadas veces. En una ocasión le dice: siempre ha habido gente mala pero el mundo era hermoso. Cuando Robert lleva la comida que ha robado, preparan una cena, y aquí llega la magia del cine: el elemento visual hace todo más plástico. El disfrute de esa cena, comer un tomate con las manos… y para remarcar el momento, música clásica como guinda. En un mundo en el que la gente ya hasta ni siquiera sabe por lo que luchar porque no hay nada, la música clásica es un complemento vacuo, innecesario.

Otro de los puntos interesantes de esta película es la relación de la sociedad con la fe/iglesia. La gente rica, como hemos comentado, tiene hasta gente como “mobiliario”, no dudando tener unas cuantas mujeres en la casa. Una falta de valores que se contrapone a la escena del hacinamiento de gente en la iglesia y en las largas colas en confesionarios, a la vez que hay gente que se pregunta “¿dónde está ese Dios?”. La fe siempre ha sido un recurso en los momentos de necesidad, la fe y la ausencia de ella, ya que es en estos momentos cuando la gente también se plantea la existencia de un Dios que permita todo eso. Libre albedrío, dirían unos; nosotros mismos que lo hemos provocado y permitido, dirían los otros.

Otro de los puntos fuertes que salen en esta película es el tema de la eutanasia o muerte asistida, ya que Sol decide acudir a un sitio donde te ayudan a morir de una manera digna. Es un sitio muy solitario, aséptico, pero donde te hacen todo tipo de preguntas para poder personalizar ese último momento para que todo sea del máximo agrado. Allí le preguntan por su color favorito, música favorita… todo preparado. Suena la Sinfonía nº 6 de Beethoven, la “Pastoral”, y le ponen imágenes del campo, de la naturaleza… lo que ya no hay y no será. Cuando llega Robert para despedirse de él se emocionan viendo esa maravilla, remarcado con el movimiento Allegro ma non troppo que se escucha, cuya descripción hecha por el mismo Beethoven dice “despertar de alegres sentimientos al encontrarse en el campo”. Eso mismo es lo que sienten Sol y Robert al “encontrarse” aunque sea de manera virtual con esa naturaleza.

Esa naturaleza creada de manera impostada, al igual que el alimento, el maná, el Soylent. Esa imagen de los habitantes de Nueva York esperando la comida es una semejanza de ese alimento; sustento de los israelitas mandado por Dios en su larga travesía de 40 días por el desierto.

Hendrick de Clerck. “Israelites gathering Manna”
Hendrick de Clerck. “Israelites gathering Manna”

En la película la empresa Soylent es el espejismo de Dios, el Todopoderoso, el único capaz de alimentar, y a cambio, el que recibe las alabanzas. Con la única diferencia de que en la película el Dios tradicional ha sido sustituido por otro mucho más actual, una empresa, un emporio, que tiene el monopolio. No puede ser de más rabiosa actualidad esta película. Miremos a nuestro alrededor: las grandes fortunas recaen en los magnates de las grandes empresas. Mirémonos a nosotros mismos: estamos rodeados de marcas, somos usuarios de esas empresas, que a su vez, incluso financian guerras, y apoyan a gobiernos o les quitan su apoyo dependiendo del beneficio que puedan obtener. Ese capitalismo sobre el que eternamente se debate. El calentamiento global, el Protocolo de Kioto, Desarrollo Sostenible; todos términos que están en boca de todos (aún sin saber la mayoría de lo que tratan) pero que parecen augurar un futuro parecido al de “Soylent Green”. ¿Distopía o amenaza?

Fijémonos en el título en español de la película: Cuando el destino nos alcance. Ya de por sí parece que al (¿intentar?) traducir ese título a la lengua de Góngora le pusieron un título distópico y, por qué no, terrorífico. Pero fijémonos en la publicidad de la película:

En la esquina inferior derecha aparece el título junto al reparto en una estrella de seis puntas; ¿nos recuerda a algo?

Efectivamente, la Estrella de David. Mal llamada así, ya que simboliza el Escudo del Rey David. Numerosas son las interpretaciones y lecturas de este símbolo, normalmente símbolo de alianza. Aunque podemos recordar las palabras premonitorias de Yahvé a Abraham: “Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas (…) Así será tu descendencia”, (Génesis 15:5). ¿Palabras premonitorias del problema de la superpoblación?

“La fuga de Logan” es otra película que puede ir pareja a “Soylent Green”, tratando el problema de la superpoblación de manera distinta. Estamos en el año 2274 y una catástrofe mundial ha asolado la vida en la Tierra. La población remanente vive bajo una gran cúpula, dedicándose al placer y al ocio, ya que la vida se sostiene gracias a los ordenadores. La reproducción se lleva a cabo por clonación y a los 30 años la gente se somete a un ritual llamado Carrusel llevando a cabo un “renacimiento”. La esperanza de vida viene marcada con una gema colocada en la mano de cada habitante y que al llegar a los 30 años, se enciende para recordar que se debe someter al ritual pseudo-religioso. Se vive con la esperanza de volver a renacer a los 30 años, pero hay una parte de población que se rebela y escapa, negándose a ello y siendo ejecutada. Un policía (otra vez policía, como el protagonista de Soylent Green), entra en contacto con una chica que forma parte de un grupo que ayuda a huir a los fugitivos y que hablan de un Santuario, un lugar a las afueras de esa gran cúpula, esa zona de confort, como se le llama ahora, creada de manera artificial. Logan recibe la misión de encontrar y destruir el Santuario y para ello hace creer a la chica que la va a ayudar a huir. Durante las experiencias en esa travesía se va dando cuenta de la verdadera realidad. Fuera de la cúpula encuentran a un anciano, algo nunca visto antes por ellos. La fascinación por el viejo, por su pelo blanco, sus arrugas, les proporciona fuerza para regresar e intentar abrir los ojos al resto de la población bajo la cúpula: hay esperanza de vida (literal) y hay otra manera de vivir.

Muchos y variados temas son los que subyacen en esta película, rodada justo antes de “Star Wars” y nuevas maneras de rodar los efectos especiales; aquí aún se puede ver el “cartón-piedra”, por lo que el kitsch le profiere un aspecto bastante atractivo.  La escena del Carrusel, una mezcla de espectáculo televisivo y celebración religiosa; la gente estalla en aplausos cuando las personas se elevan y comienzan su “renacimiento”.

Pero… ¿nos recuerdo esta escena a alguna otra? Pensemos:

Efectivamente, la escena del ritual de la sociedad secreta/secta de “Eyes Wide Shut”.

Pensemos en la cantidad de pseudo-religiones que atraen cada vez a más personas, intento vano de encontrar… ¿la verdad?

Y aquí nos topamos con algo que aparece en la mayor parte de las películas distópicas, y que en estas es más evidente aún: Platón y su alegoría de la caverna, que aparece en “La República”. No porque algo esté muy repetido o manido deja de tener valor, y esto pasa con esta teoría. Pensemos en los protagonistas, encadenados en su caverna y que tan solo conocen lo que ven porque no han visto nada más (Soylent como alimento y la cúpula con la obligación de “renacer” a los 30 años, respectivamente). Alguien les cuenta algo del exterior, pero hasta que no escapan de las cadenas no pueden salir al exterior y ver por sí mismos: en el caso de “Soylent Green” la salida es la entrada de Robert a la fábrica del alimento, en “La fuga de Logan” es la salida de la cúpula. Lo que ven les perturba, pero a su vez empiezan a atar cabos y entender todo lo que han visto y vivido. En su intento de volver y contar lo que han visto tienen distintas reacciones: a Robert le reducen y se lo llevan como a un perturbado mientras grita: “Soylent is people!”.

Logan y la chica vuelven al interior de la cúpula y cuentan que fuera hay un anciano, una persona que ha vivido más allá de los 30 años. No sin resistencia por parte de las autoridades, consiguen salir al exterior y contemplar, incluso tocar al anciano. Sus arrugas, sus canas… todo fascinante para los jóvenes que jamás se hubieran imaginado estar así en el futuro. Pero para ellos, ese señor mayor es el símbolo de su futuro.

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Elena Iniesta Gª-Mohedano

Observadora vital

Diplomada en Dirección y Administración de actividades y empresas turísticas, Máster en Dirección Hotelera y Guía Oficial de Turismo de la Junta de Andalucía. Extraterrestre de visita por la Tierra, distraída por el cine. Docente accidental. Articulista hasta que me dejen.

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